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Presencia

"Presencia", esta palabra la tenía atorada en la "garganta" porque cuando estaba haciendo mi tesis de licenciatura en filosofía de alguna forma me la prohibieron. "¿Presencia?, ¿Qué es eso?", me dijeron con voz de incomprensión-asco-autoridad. "Pues estar presente, en el momento, completamente atento", contesté; entonces me mandaron a leer a Heidegger y a escribir más adecuadamente sobre el modo de ser de la propiedad. O sea que tenía que apegarme a los cánones para poder titularme, así que apechugué y recomencé mi texto… y en el transcurso dejé a un lado lo que de verdad quería decir, llegando a pensar que a lo mejor eso de la filosofía no era lo mío porque no hablo ni escribo con palabras de alcurnia y porque, según me han dicho —y lo he comprado—, aún no estoy como para tener voz propia, de modo que tengo que pedir la voz de los grandes filósofos para expresar, medianamente, lo que quiero decir, es decir, lo que me brinca en el corazón.

Así está el juego en la universidad —el juego de la "formación" académica—, y así lo acepté hasta que me comenzó afectar internamente porque eso pasa cuando uno reprime a su corazón.

Ahora que he leído varios libros encuentro que "presencia" es una forma en español de decir "mindfulness" que podemos interpretar desde el budismo como lo que busca la práctica del zazen sin necesariamente estar sentado, es una forma de practicar el no-yo o acallar la corriente de pensamientos provenientes del ego o la mente dualista.

Así que no es que estuviera estúpida por usar esa palabra, el punto era el contexto desde la cual estaban interpretando: como el ente eminentemente ahí manifestado, como subsistencia. (Claro que esto no me lo explicaron nunca)

El punto no es quién tiene la razón, sino cómo puede uno llegar a minimizarse por la opinión de otro por muy letrado que éste sea


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