Ir al contenido principal

Presencia

"Presencia", esta palabra la tenía atorada en la "garganta" porque cuando estaba haciendo mi tesis de licenciatura en filosofía de alguna forma me la prohibieron. "¿Presencia?, ¿Qué es eso?", me dijeron con voz de incomprensión-asco-autoridad. "Pues estar presente, en el momento, completamente atento", contesté; entonces me mandaron a leer a Heidegger y a escribir más adecuadamente sobre el modo de ser de la propiedad. O sea que tenía que apegarme a los cánones para poder titularme, así que apechugué y recomencé mi texto… y en el transcurso dejé a un lado lo que de verdad quería decir, llegando a pensar que a lo mejor eso de la filosofía no era lo mío porque no hablo ni escribo con palabras de alcurnia y porque, según me han dicho —y lo he comprado—, aún no estoy como para tener voz propia, de modo que tengo que pedir la voz de los grandes filósofos para expresar, medianamente, lo que quiero decir, es decir, lo que me brinca en el corazón.

Así está el juego en la universidad —el juego de la "formación" académica—, y así lo acepté hasta que me comenzó afectar internamente porque eso pasa cuando uno reprime a su corazón.

Ahora que he leído varios libros encuentro que "presencia" es una forma en español de decir "mindfulness" que podemos interpretar desde el budismo como lo que busca la práctica del zazen sin necesariamente estar sentado, es una forma de practicar el no-yo o acallar la corriente de pensamientos provenientes del ego o la mente dualista.

Así que no es que estuviera estúpida por usar esa palabra, el punto era el contexto desde la cual estaban interpretando: como el ente eminentemente ahí manifestado, como subsistencia. (Claro que esto no me lo explicaron nunca)

El punto no es quién tiene la razón, sino cómo puede uno llegar a minimizarse por la opinión de otro por muy letrado que éste sea


Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…