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Imposibilitada tras el enojo

No se puede hacer nada con el enojo encima excepto echar pestes y malas vibras. No se puede escribir, no se puede leer,… vaya, ni siquiera se puede ver la televisión. Estar enojada es peor que tener frío y más si le agregamos indignación e impotencia.

"No poder", esto atenta contra la naturaleza humana que se sostiene en la voluntad. Sí he sufrido un atentado contra mi "yo" que buscaba estar en paz y entre más intento reprimir en enojo para encontrar la paz, peor me siento.

No, no sirve contar hasta diez para sentirse mejor, sólo sirve para controlar los impulsos.

Ni siquiera se puede respirar con tranquilidad porque se siente como se acrecienta la molestia.

Me acabo de acordar, de mi clase de psicología de bachillerato, que debajo del enojo está la frustración que según esto surge del sentir que se atenta contra la voluntad. Esto es, uno se enoja porque el ego lo tiene trepado y no hay nada peor que el "yo" se vea amenazado. Es horrible que el mundito de uno se descomponga sin que uno pueda controlarlo. Justo así me siento, ¡me choca!

O sea que si uno quiere estar muy en buena vibra y suceden cosas que obstruyen tan deseo, uno termina enojado y "mal vibroso". La cuestión es que siempre pueden ocurrir cosas que atenten contra los planes de uno. Así ni como librarse del enojo.

Aquí veo una relación: ira -> frustración -> vulnerabilidad. Se trata entonces de un mecanismo de defensa, igual que este intento de racionalizar lo que me está pasando (que ya casi está sirviendo…).

Al parecer todo es cuestión de la incapacidad (y está peor que uno encima sea incapaz, doble coraje) de lidiar con la discrepancia entre la realidad y lo ideal, que resulta que la bronca no es lo que le pasa a uno sino la manera en cómo se afronta. O sea, hoy he afrontado internamente de forma pésima lo que me ha pasado aunque externamente he lucido muy cool, eso hay que reconocerlo.

En definitiva analizar lo que uno siente y leer sobre lo que uno está pasando ayuda montones. Una vez con las aguas tranquilas, mejor pensar en otras cosas para más tarde, ya en otro estado anímico, retomar lo vivido y hacer las paces.

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