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Pausa, necesito decir algo

Una vez estuve en un chatroom. Ya no. Pero una vez estuve ahí porque en él estaban amigos que conocí hace mucho tiempo. Una vez estuve entre amigos con los que compartía algo en común. Ya no. ¿Ya no son mis amigos? ¿En algún momento lo fueron? ¿La amistad es algo pasajero? Creo que sí, que como todo en la vida, la amistad también pasa.

Una vez estuve en un chatroom porque parecía buena idea dar los buenos días y las buenas noches a aquellos amigos que tuve hace mucho tiempo. De los saludos pasamos a compartir sucesos importantes, casi todos enfermedades o logros. Luego ya sólo fue un lugar para cadenas de oración, adoctrinamientos de lo que es Dios o cómo debiera uno dirigirse a él y bendiciones de rutina... algo así como lo que podría llamarse "usar el nombre de Dios en vano". Estar en ese chatroom me permitió ver lo que nada tenía que ver conmigo.

Una vez estuve en un chatroom y sólo leía y leía y me abstenía de escribir porque intentaba respetar el modo de pensar de los demás, hasta que me di cuenta que sufría mucho leyendo porque no respetaba mi propia manera de pensar. De tanto que me abstuve es la hora que no termino de sacar fuera todo lo que hubiera querido escribir.

Yo quería escribir que ese dios de los domingos me viene guango, que ir a misa no me inspira, que personalizar a dios no hacía más que descubrirlo como la más grande farsa porque me queda claro que Dios no puede ser, porque todo lo que es, está sujeto a lo mismo que todo ente, a lo mismo que tú o que yo. James W. Heisig una vez escribió: «It does not matter how one defines the God behind the image, so long as it does not end up as a supernatural Caesar exacting taxes in the form of moral obligations»; y eso era justamente lo que lo que se hacía en ese chatroom.

De modo que me salí de ahí sin decir palabra, porque ¿quién iba a dar lugar ahí a una idea distinta de lo que tan fervorosamente se cultivaba entre cadena y cadena, entre petición y petición?


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