Ir al contenido principal

Y uno espera comentarios inteligentes

Me desperté la mañana del sábado queriendo ya escribir sobre el libro francés que recién había leído. Aunque hablaba de inmigrantes con visa vencida y buscando cómo quedarse en París, me gustó. Digo me gustó porque en mis clases de francés hemos tocado temas sobre los inmigrantes y lo he odiado (el tema).

En fin, que con computadora encendida y post enviado lo siguiente que veo son condolencias a Francia. Así me enteré. Que maten gente que bien podrías ser tú, da mucha rabia y en verdad despierta esas ganas de que acaben con los culpables. Creo que es la reacción inmediata más común y creo que de ahí se fundamentan muchas decisiones que debieran ser pensadas y que, si tales acciones de reacción ya han sido pensadas, me causan mucha más repulsión interior. 

En realidad no podría decir cuál es la mejor decisión, pero con historiografía en mano podemos deducir que responder un golpe con otro golpe deja por medio mucho rencor que se traduce en futuros golpes. ¿Cuántos años tenemos sobre la faz de la Tierra y seguimos jugando a los trancazos?

Claro, yo sé que esto no es un juego, pero parece que no hay detrás de todo esto un propósito por vivir mejor sino una necesidad de reafirmarse por encima del otro. 

Me puse a leer las noticias y vi reportajes y esperaba que alguien inteligente dijera algo. Al fin aparecieron los filósofos con sus diferentes puntos de vista formando bandos y luego poniéndose los unos contra los otros. 

Finalmente el Dalai Lama que me suele caer pésimo dijo algo congruente: esto no se arregla con rezos. Alabado.

Siglo veintiuno y muchos parece que nacieron en la Edad Media. Andan perdidos creyendo en trascendentales y en algo mejor no sé en dónde, pero mientras echando a perder este ahora que sí nos consta. 

Y otros tantos inmersos en la ilusión de progreso y poder de la modernidad maquinando en contra de sus semejantes. 

Con Dios o sin él, la gente igual se mata. Todos quieren tener la razón y quieren dominar al otro.

No, no es cuestión de fé. Ni de escoger el mejor bando, ni de estar a favor de la cultura que mejor le acomoda a uno y que se joda el resto. Tampoco es cuestión de callarse porque en la propia "casa" las cosas no andan ni remotamente bien. Ni de pintarse de colores —literal—. Tenemos un problema mayúsculo que nos compete a todos porque no hemos sino estado alimentando el odio y el poder aquí y allá. 

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…