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Dos fragmentos de Hölderlin

Me encuentro escuchando melodías anteriores a mi tiempo, leyendo filosofía creada antes de mi tiempo intercaladas con poemas que no pueden ser sino de este y de todos los tiempos.

El pasado que sueltas atrás, viene contigo no para actualizarse para dar apoyo al presente ya decidido. El pasado que no dejas es un pasado que arrastras a la fuerza al presente queriendo actualizarlo, removiendo el suelo donde ten encuentras ahora. Pienso.

La melodía que no es de mi tiempo me habla de un comienzo anterior a éste que se fundó para Flor. Ese comienzo anterior al que le puedo ir poniendo fechas no es sino alfiletear el inicio gestado antes de mi comienzo. No es necesario saber cuando, sino presentir que así fue y escuchar la melodía que resuena en el abismo de mi ser.

La melodía de otro tiempo resuena en este y me conmueve, ¿por qué me interpela? ¿De dónde la familiaridad? ¿Una reconstrucción tras un aviso, un apuntar? ¿Es que todos los comienzos se trastocan? Recuerdos de imágenes difuminadas y sensaciones nítidas. 

¡Qué importa el sentido buscado hacia adelante! Los "para-qués".

«Estrecho y limitado, ciertamente, es el tiempo de nuestra vida / vemos el número de nuestros años y los contamos». Atestiguamos nuestra vida. Los ojos ajenos no importan. Nos miramos, nos vemos sonreír y llorar, nos percatamos de esa conmoción creada al sonar una melodía. Es todo.

«Demasiado estrecha y limitada es nuestra jornada / Somos, vemos y nos asombramos, y ya cae la tarde», pero nos hemos asombrado. ¿Qué propósito buscarle al asombro otro que no sea el asombro mismo simplemente sucediendo?

Miles de libros que no leeré, pero ellos ya resuenan a mí. No a Flor. A mí, como no a Borges, sino al otro Borges. El inicio que a todo interpela.

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