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Rememorando

En una breve pausa, a la luz del café, de la voz de Jon Carin al ritmo de Pink Floyd, del suave y aterciopelado sabor de un crème brûlé; una vez distendidos los músculos de los hombros, una vez hecho contacto con el pulsante interior; rememoro.

¿Cuándo fue que perdí el contacto con la fuente de lo que solía escribir? ¿Cuándo llegó la duda de aquello que tenía atmósfera de certeza? Me leo en aquellas palabras de hace dos años y entiendo lo que he dejado de comprender. Hace unas horas ya no sabía nada de lo que sabía hace dos años. ¿He olvidado? No, no es olvido. Es la consecuencia del trabajo de la duda que me ha sacado de mí para irme a buscar no sé a donde.

Entre hace dos años y hoy hubo algo. El regreso al pensar calculador, al análisis, a los datos duros, a las palabras de renombre. El abandono de lo sutil por lo concreto. El hacerme de los modos de la ciencia, de los modos de la academia que no han dejado espacio para mis modos, los latentes, los vivos, los de voz propia, los de luz oscura.

Rememoro, vuelve a mí esa percepción de la entrega completa de la existencia en el hacer. No está dado el descubrir a simple vista a los anónimos entregándolo todo al lado de los renombrados. ¿Quién quiere el renombre a costa de una vida de aflicción, de una vida guardada del arrojo incondicional? 

A veces hay que jugar a hacer palabras y a formular ecuaciones irreprochables. Que el juego no me lleve lejos de mi esencia, que no deje de escribir eso que me gusta leer, que no me olvide a mí misma. Creo que esto es learning to fly, sostener la tensión y no preguntarse cómo es que se vuela. Se vuela, simplemente se vuela.

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