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Mi yo chiquito

(Imagen de Diela Maharanie)

A mi yo chiquito lo tengo encerradito. Le callo a cada rato y lo trato de pobrecito. Mi yo chiquito sufre de pena cuando se mira pequeñito frente a una imagen de Otro grande grande. Mi yo chiquito hace como que no es chiquito cuando se siente más chiquito. Le aborrezco y luego me espanto cuando me doy cuenta que es mi yo chiquito el que aborrece.

Puedo pasar días enteros sin acordarme de que existe. Hago de todo para que crezca y en ese hacer siento que desaparece y quedo sólo yo libre. 

Mi yo chiquito se siente prisionero, es experto en justificaciones y en apuntar al Otro. Mi yo chiquito se protege detrás de un signo del zodiaco, de un tipo de personalidad, de un pasado, de una herencia cultural, de un fallido contexto. 

Mi yo chiquito me secuestra cuando toma fuerza y me arranca la risa y me frunce el ceño; me amarra el cuerpo, me quita las ganas. 

Mi yo chiquito señala hábilmente a los culpables, encuentra el punto negro en el manto blanco y también encuentra a la razón perfecta para acabar con todo. 




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