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Caminata

Voy caminando por la calle, voy rodeando la cuadra del lado donde pega el sol. Me gusta sentir el calor del sol. La vuelta a la cuadra me toma unos veinte minutos, a veces más pero no mucho.

Cuando salgo a dar la vuelta empiezo con un "Ay Dios" como quien da un reset al quehacer anterior e inicia uno nuevo. Dejo el frío y empieza la búsqueda de calor, dejo la lectura y empiezo a mirar los comercios del otro lado de la calle. Pero el "Ay Dios" es un recuerdo contante de los pendientes que no quedarán saldados hoy, esta breve exclamación es una constatación de las dificultades del vivir (dificultades todas puestas sobre la mesa) que ya no pueden tratarse como un trámite administrativo (vivir no puede asumirse como un estar formado en una fila esperando turno para resolver nada). 

Voy caminando del lado que pega el sol para sentirme más esperanzada. Voy despacio escuchando a los pajaritos grises y sorteando la suciedad de las banquetas, esa producida por los sin conciencia.

Es enero en nuestro sistema de conteo. Vamos construyendo el siguiente más uno a los años de vida. Con suerte completaremos la adición. 

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
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