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Caminata

Voy caminando por la calle, voy rodeando la cuadra del lado donde pega el sol. Me gusta sentir el calor del sol. La vuelta a la cuadra me toma unos veinte minutos, a veces más pero no mucho.

Cuando salgo a dar la vuelta empiezo con un "Ay Dios" como quien da un reset al quehacer anterior e inicia uno nuevo. Dejo el frío y empieza la búsqueda de calor, dejo la lectura y empiezo a mirar los comercios del otro lado de la calle. Pero el "Ay Dios" es un recuerdo contante de los pendientes que no quedarán saldados hoy, esta breve exclamación es una constatación de las dificultades del vivir (dificultades todas puestas sobre la mesa) que ya no pueden tratarse como un trámite administrativo (vivir no puede asumirse como un estar formado en una fila esperando turno para resolver nada). 

Voy caminando del lado que pega el sol para sentirme más esperanzada. Voy despacio escuchando a los pajaritos grises y sorteando la suciedad de las banquetas, esa producida por los sin conciencia.

Es enero en nuestro sistema de conteo. Vamos construyendo el siguiente más uno a los años de vida. Con suerte completaremos la adición. 

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Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

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No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

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