Ir al contenido principal

La vida es un chiste... irónico

Viéndola bien, ya desde hace un rato se me figura la vida un chiste irónico, de esos que te provocan la risa con una mueca amarga o con la mano en la frente y un "¡ay!".

No digo que no tenga sus momentos de chiste soso, chiste mal contado o chiste sobreelavorado. Pasa. Pero en general, así, redondeando, es un chiste irónico. 

Inicia la vida y pinta para algo pero a medio camino la cosa se descompone y jala para otro lado y si te va gustando el giro, no falta el intríngulis que te saque la mueca diagonal que va de un chido a un chale. 

Eso de que nada es eterno y todo pasa, aplica para los momentos top y los momentos down, así como los flat. No es que se alternen y pinten curvas perfectamente analizables, nooooo, pintan una madeja de ires y venires con cabos sueltos. 

La trama nunca es la misma. Todo el chiste radica en lanzar un montón de líneas que se entrecruzan pero que no necesariamente dan pautas para lo que viene. 

Cada vida tiene un actor principal y un montón de secundarios. A veces los extras toman importancia en la trama y otras veces un actor secundario se queda en el olvido. 

No falta la vida cuyo actor principal es todo un tipazo y la historia, por el contrario, bastante chafa. O se presenta una historia increíble y nomás el actor principal no levanta. Irónico. 

No creo que haya chistes irónicos mejores que otros. También es irónico que unos parezcan mejores por el marketing que se les aplica. Hay quien vende basura y también hay quien la compra... y le gusta. 

¿No es todo esto muy loco?

El mundo observado por los seres humanos es un gran absurdo. Muchos ofrecen explicaciones pero ninguna le quita un pelo de absurdo. 

Y al final, este mundo absurdo también va a terminar. ¿Cuál es el chiste? Irónico ¿no?

Un poco de música para amenizar: Everyday Is Like Sunday

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…