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Tertulia 2am en otro mundo


Como cualquier sueño vívido, uno siente que en realidad pasó. Toma más de medio día, después de despertar, aterrizar tras repetir como mantra: fue un sueño.

Pero supongamos que estuve ahí, en esa reunión de 15 o 20, entre mentes críticas que en turno escuchábamos lo que el otro tenía que decir.  Estaba Platón, me acuerdo, muy callado y con una mirada profunda haciendo patente que no era de este mundo, que nunca lo había sido. En mi turno discutimos sobre el miedo, sobre las consecuencias de elegir olvidar lo que nos atemoriza, sobre la resistencia a aprender.

—No aprendemos si sólo seleccionamos recuerdos divertidos en los que nos sentimos seguros porque en hacen parecer no pasa nada—, decía yo con gran vehemencia a una audiencia que me escuchaba atenta. —Estamos aquí mirando lo que es y no hemos sido capaces de erradicar el miedo a ver.

No recuerdo más, pero fue un discurso de media hora en un idioma que no era el mío. Estábamos todos preocupados. El nombre de Platón se transformaba fonéticamente dejando ver quién era y lo repetí varias veces para no olvidarlo al despertar.

Eran las 2am. Eso decía el reloj. Las imágenes empezaban a desvanecerse y yo seguía repitiendo el nombre de aquel filósofo. Volví a dormir para despertarme tres horas después como sí nada. Después de la rutina de las 5am volví a mi cama y todo me cayó de peso.

No sé. Las cosas importantes en realidad son muy simples, muy evidentes, y las pasamos por alto buscando debajo de las piedras algún misterio difícil de resolver.


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