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Fin del deseo, fin del sufrimiento

En mi voto por el deseo se me ha preguntado por la máxima budista de eliminar todo deseo en pos de la eliminación del sufrimiento. ¿Es la eliminación del sufrimiento lo que queremos? ¿Estamos dispuestos a abandonar cualquier deseo?

Supongo que la máxima tiene sus asegunes o sus intríngulis que por lo pronto no me son dados y, por ende, encuentro en la máxima una gran aberración.

En mi gran ignorancia no votaría ni a favor ni en contra de la perspectiva budista porque no la conozco y no tengo deseos de conocerla (nótese la eliminación del deseo hacia ello). Sin embargo, le sigo dando mi confianza al deseo cuando éste proviene de mi interioridad o, como dirían en ciencias cognitivas, de la coherencia y concordancia con mi memoria autobiográfica.

Desear, para mí, es estar vivo con los sentidos bien despiertos y la conciencia observando y regocijándose; todo ello acompañándome (es decir, "a la vez") en mi aventura existencial, o lo que es lo mismo, en esto que es la vida a corazón abierto aunque de miedo.

Ahora, retomando la coherencia y la congruencia, no deseo cualquier cosa ni lo que desea la mayoría ni lo más preciado ni lo más escaso. Deseo lo que en seguida me lanza hacia "afuera" desde justo el punto en el que estoy: si tengo hambre, me lanza a la obtención de comida, ¿cualquier comida? No, aquella que se ajusta a mi situación.

Así que el sufrimiento a lo estúpido se para dejando de desear cosas que nada tiene que ver contigo (son deseos adoptados) y moviéndose solamente hacia lo que en verdad quieres.

Aquí surge la cuestión de si el deseo es el apaciguamiento de la necesidad inmediata. En primera instancia sí, pero no siempre.

Supongamos que ya dormí, ya comí, ya reí,... Estoy "hecha" ahorita. Disfruto justo el no desear nada porque todo está cool. El estado no es eterno, dura más bien poco (si te dura mucho seguro estás en depresión o en melancolía y es un no desear triste, cercano a la muerte), en seguida tu conciencia se inquieta y ir busca qué hacer, entonces eliges entre hacer lo que sea por evitar el aburrimiento o enfrentarte a la necesidad de hacer lo que sea y escuchar a tu interior, Sócrates diría que a su daemon, para que se manifieste el anhelo siguiente. Este anhelo tiene ciertas características: es sutil y causa placer (generalmente uno cree que está pendejeando). Su sutileza no es debilidad sino amor y no te ordena, te sugiere, pero es tan sencillamente hermoso que te causa miedo o rechazo. Bueno, al menos eso pasa conmigo, no sé si tú te has escuchado. 

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