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Antes de la media noche del último día del año

Es bastante temprano aún para decir que ésta es la última reflexión del año. De aquí a la media noche pueden pasar muchas cosas, pero voy apostar porque no será así y porque lo que resta del día pasará en santa calma y confort. Me bañaré, saldré a la calle, comeré, beberé café, buscaré películas, regresaré a casa a verlas y esperaré la entrada del 2014 (según el sistema de tiempo establecida por los hombres) con una copa de champagne, que es un símbolo de lo que se merecen las experiencias pasadas.

Vine aquí a escribir porque no quiero que se me olvide lo que está pasando por mi cabeza junto con toda la sensación de importancia que siento en el cuerpo. (Desde luego que me doy cuenta de la tendencia dualista de mis comentarios que se niega a abandonar mi discurso. Favor de tomarla como un modo de expresión).

Trataré de escribir lo que sucede. Seguramente me quedaré corta pues les aseguro que hay un montón de vericuetos y me espanta que lo deje todo muy simple (ya me he topado con lectores literales que no pueden ver que el negro nunca es negro, por decirlo de alguna manera)… Le estoy dando vueltas, es que no sé por donde empezar porque no sé en dónde está el inicio. Tomemos una hebra al azar para ver a dónde nos lleva.

He leído a dos o tres amigos que se dieron a la tarea de hacer un recuento del año y me causó curiosidad el que en el centro de sus comentarios apareciera el mismo tema: marcadas conclusiones/términos de varios aspectos de la vida. Yo sé, insisto, que se cambia todo el tiempo, que la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta hasta que hemos cambiado bastante; pero no es el punto que quiero expresar. Tengo la sensación, no racional/lógica, de que el 2013 está muy marcado por el cierre de temas, la conclusión de etapas e incluso ya, el avistamiento de lo que está por iniciar. Este es un cambio calmado, con aceptación porque ya estamos con los pies dentro de lo que antes sólo visualizábamos. Creo que este es el punto: estamos empezando lo que ya hemos "visto".

Dejo relaciones que ya no iban conmigo. La diferencia con los años anteriores es que esta vez las dejo yo, no se van, no me las quitan. Los hechos son parecidos pero la sensación es muy diferente y en verdad que la sensación le da todo el significado a nuestras interpretaciones y a nuestro estado corporal.

Me he dado cuenta que la construcción de escenarios a manera de representaciones mentales, cargadas de emoción y sentido de significancia, van trazando sutilmente nuestros pasos: nos construimos con ideas significantes (el significado está más allá de la idea) cuyo origen no es racional. Cuando nos dejamos conducir por ellas, esto es dejamos a un lado lo que la lógica o las costumbres o las heridas, y hacemos lo que sentimos "en bonito" (quiero dejar a un lado los calificativos morales), desembocamos en estados de "estar en el lugar adecuado", nos sentimos "en casa".

Como han dicho muchos pensadores y que voy a simplificar de manera coloquial: todo nos está dado, la plenitud es algo a lo que podemos acceder todos en cualquier momento y lugar porque se fundamenta en el interior; no es causal, es la causa.

El 2013 me deja con experiencias que no puedo explicar y que además no quiero encontrarles explicación, porque quiero seguir mirando a la luna y soñar. Esa es nuestra cualidad homo, somos capaces de soñar despiertos. Tengan todos muy lindos sueños.

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