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22 de Diciembre de un año muy lejano

Quisiera ver uno de esos programas especiales navideños que solía ver cuando vivía con mis papás en aquel departamento del quinto piso que nos tenía a todos asustados después de los temblores del 85. Por aquella época desde el balcón podía ver el departamento de mis abuelitos, podía bajar a verlos, a tomar algún refresco en botella que dejaban al lado del refrigerador.

Quisiera prender la tele y acostarme en el sofá mientras escucho a los hermanos Osmond o veo algún anuario de lo que sucedió en algún año entre los 70s y los 80s. Quiero ver árboles adornados y escuchar canciones navideñas, quiero voltear a ver la mesa redonda de mantel blanco y platones de chocolates y frutas secas.

Quiero ver la Navidad con Charlie Brown. Quiero ver películas viejas como esa de Mujercitas en la que salía Elizabeth Taylor. Quiero soñar de nuevo en lo bueno que será mi vida de grande: escribiré, haré galletas en Navidad,… lo demás lo puedo editar. Sólo quiero volver a creer que no pasa nada y que todo está bien.

Quiero prender la TV y que me guste. Quiero que huela a Navidad otra vez.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

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