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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Otra vez la muerte

Sólo podemos hablar de la muerte en tercera persona. Ella es la última vivencia de la que no podremos hacer experiencia pues nunca nos será dado el poder narrarla ni siquiera a nosotros mismos: en su conclusión no hay un "sí mismo".
Pero desde el punto de vista de aquel que ve la muerte de los otros, se puede decir mucho. Cada muerte llega para sorprender, nunca se habrán tenido suficientes experiencias de la muerte de los otros para tomar con soltura la siguiente muerte. Nunca tendremos suficiente de la experiencia, siempre habrá oportunidad de que nos tome por sorpresa y que tengamos que dedicar un tiempo a reflexionar sobre lo que nos sucede adentro por la muerte del otro. Porque, lo que sucede afuera, eso, bien puede aprenderse, bien se puede seguir un camino probado antes. 
Que el otro se muera va más allá de preparar servicios funerarios, cerrar "oficialmente" las relaciones con el mundo que deja el otro: finiquitar asuntos, reconfigurar la vida de todos los…

Pensamientos sobre el erotismo y la muerte

Por estos días he andado revisando conceptos que se oponen y que sin embargo constituyen un par mediante el cual evaluamos y hacemos elecciones de vida, como blanco y negro.

En un primer acercamiento pensé que el erotismo y la muerte se oponían, porque es evidente que cuando una relación sentimental está muriendo el primer síntoma es la desaparición del erotismo. Estoy aquí viendo al erotismo como la pulsión de vida que sustenta el deseo de entrega, el deseo de darse a la experiencia; lo contrario del erotismo sería el retraimiento como el de una flor que se está secando.

No creo que el erotismo se oponga a la muerte porque en la entrega de sí mismo hay un renunciamiento y por tanto una muerte posibilitadora. También creo que se puede llegar a la muerte última, la definitiva y total del ser, desde el erotismo. Así me gustaría morir.

Me gustaría entregarme a la muerte completamente abierta, sintiendo cada parte de mi cuerpo, oliendo la atmósfera que me rodea, sin miedo.

Sí, es posible…