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¿No hay nadie?

Caminas los caminos de siempre y no ves a nadie aún cuando te tropiezas con la gente. Ves sombras y en ninguna de ellas ves la tuya propia, no hay nadie. Sólo hay sombras, obstáculos, pero en ningún caso siquiera un objeto qué observar o sobre el cuál pensar.

Siluetas sin posibilidades, utilería sin uso, sombras sin sol.

Caminas sin darte la posibilidad de viajar mientras lo haces, caminas sin hacer experiencia, caminas sin moverte por dentro, caminas en una banda que no va a ningún lado. El paisaje es un afiche que de tanto verlo ahora lo confundes con un muro. El espacio interno no se ve afectado. ¿Estás a salvo?

Hoy no pasa nada como ayer tampoco pasó. Divides el día con las acciones repetitivas. La hora de despertar, la hora de desayunar, la hora de ir, la hora de estar, la hora de comer, la hora de regresar, la hora de no-ver, la hora de dormir. La hora de no estar cubre todo el día y el dolor es cada vez menor. Quizá mañana dejes de sentir por completo.

No quieres sorpresas, no quieres que alguna sombra se vuelva y te muestre su rostro y, en él, el tuyo propio. No quieres que hoy sea diferente a ayer porque tienes miedo de darte cuenta que mueres, que hoy ya no eres el que caminó ayer.

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