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Leyendo una novela

Hoy iré, por primera vez, a la presentación de un libro en el que aparece un breve relato mío. Para festejar he decidido llevar a cabo mi ritual de "siéntete bien" que incluye baño ambientado con música, perfume (que como la música siempre depende de lo que en el momento estoy sintiendo) y una visita a la cafetería donde me llaman por mi nombre y dónde el café me sabe a auténtica gloria.

Me duele un poco la cabeza, lo más probable es que mi comida haya sido muy poca para lo que corrí. Mi latte lo solucionará en un momento. Mientras, disfruto estar desparramada en el sillón y le pongo atención a la música con la que ambientan el lugar, estoy casi segura que es Gotan Project.

He traído conmigo una novela que me recomendó mi asesora de tesis para iniciarme en Kierkegaard (creo que la vida ya me ha iniciado en el existencialismo desde hace un rato). Es bonito esto de leer, la filosofía, el café y la tecnología que me permite escribir cuando salta el momento. Escribo por impulso. Soy una fiel servidora de ese impulso.

Lo primero que me ha llamado la atención (lo leí días atrás y lo traigo en mi cabeza desde entonces) es una cita del tío del buen Søren. Muchas personas han entrado a mi vida con similar manera simplista de ver la vida.

Para empezar uno no se angustia por no tener nada mejor que hacer. La angustia carece de valor práctico y casi a cualquiera le parecería que lo mejor es tratar de hacer como si no existiera. Pero existe, el ser mismo la posibilita. Pero bueno, no quiero entrar en esos detalles, ya tendré tiempo cuando escriba mi tesis (se va a poner interesante).

La cita es la siguiente, a quien le cause una especie de risa irónica, es seguro que tenga la vena existencialista a flor de piel. Si no ocurre nada, o no entienden, sigan gustosos en el mundo de la razón:

«¿Sabes una cosa, Søren? Lo único que te pasa es que tienes la mala costumbre de andar siempre con los hombros caídos. Sólo con que enderezaras la espalda y caminaras erguido, todos tus males desaparecerían.» En Terapia de David Lodge.

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