Como un juego

Estaba tomando el sol mientras esperaba el Pumabus. Con un café en la mano, lo único que me falta a era algún placer mental. Saqué de mi bolsa mi aparatito multifuncional para jugar "bolitas". El sentimiento de placer no tardó en aparecer: calor en las mejillas, sabor de café en la boca y mi mente egoica entretenida en juntar bolitas. Así, pude dedicarme a reflexionar.

¿Saben? Es muy evidente el síndrome de atolondrarse (aquí viene mejor una grosería pero este es un sitio para todo público) cuando hay muchas alternativas o cuando todo pinta bien. Por ejemplo, si entras a un estacionamiento repleto, inmediatamente detectas un lugar y sin pensarlo te estacionas ahí, pero si hay muchos lugares no puedes decidirte por cuál es el mejor –aquí, no, mejor allá–. Cuando estás jugando y te toca una "mala mano" haces lo posible por ganar y hasta te "sabe" más rico, pero si tienes una "buena mano" no falta la mal hora en que la desperdicias y no entiendes cómo fue que no ganaste. Creo que la mente acostumbrada a dificultades no sabe qué hacer cuando no las hay y se las inventa. Creo que por eso me gustan los jueguitos de estrategia, mi mente se entretiene en resolver problemas mientras me puedo enfocar en disfrutar la vida. Vivir no es un problema por resolver, aunque nos hayan dicho que sí.

El placer que se experimenta al resolver una situación difícil es egoico, es decir, te crees que eres "muy bueno" cuando en realidad las circunstancias han favorecido tu propósito. No eres tú el que gana o pierde, eres tú el que juega y experimenta una de entre tantas posibilidades.

La intensión importa, claro. La intensión es elegir el blanco al cuál apuntas y te posibilita mantener el interés. La intensión te mueve a la acción cuyo progreso y resultado nunca lo puedes predecir, pero es divertido el juego.

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