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Aquí sólo un fragmento fugaz de una forma de ser en el mundo

Estoy en la biblioteca, una ajena a lo que estudio sólo porque me da más facilidades funcionales. He salido de clase y mi pensamiento gira en torno al lenguaje como inseparable de la razón.

Sentada sin ostentación posible del inmueble me proporciono un pequeño lujo: música sólo para mis oídos.

De modo, me digo, que aquí -hoy- me puedo considerar como una observadora que piensa y se narra a sí misma fragmentos de historias posibles, sólo posibles porque mis ojos saltan de objeto en objeto y, como observadora, me encuentro a la distancia, completamente desvinculada de ellos. ¿Por qué el pensar, pensarlo, pensarte, me separa de lo otro por vía ontológica y me une por vía epistemológica? Separo mi ser al pensar un algo específico para reintegrarlo en mí como conocimiento. ¡Qué locura!

Y en ese saltar mis ojos se posan en una mosca que, patas arriba, yace desposeída de un devenir del que pueda dar cuenta.

La mosca y yo, tan distintas la una de la otra excepto porque compartimos la misma mesa aunque ella, la mosca, no pueda percibirme nunca más. Soy anónima en su historia mientras ella toma parte protagónica, al menos por un instante, en la mía.

Pero, ¡un momento! Ella aún sigue aquí, mueve las patitas como sí hiciera nado sincronizado. Está agonizando. ¿No es lo que hacemos todos mientras tenemos vida? ¿Luego qué somos? El cuerpo sigue en el mundo, sigue deviniendo, ¿es que somos cuerpo aún cuando estamos muertos? ¿Seguimos siendo después de la muerte mientras el cuerpo aguante? La mosca nada de esto puede decirme, no hay lenguaje posible entre ella y yo, su mundo y mi mundo parecen así irreconciliables.

Creo, así de pronto, que el mundo fáctico no es el mundo del lenguaje porque el mundo del lenguaje es sólo una perspectiva que comparto con aquellos que poseen el mismo lenguaje. La suma de las perspectivas no es posible porque parece ser que no hay quien la realice. Nos perdemos de mucho tanto como los demás se pierden de nuestra propia, irrepetible experiencia... Nuestra relación con el mundo es propia, qué egoísmo más grande, qué egoísmo más inevitable.

Anhelo de unidad, cuando no hemos visto sino fragmentos. El morir, una posibilidad que por lo pronto no quiero explorar porque de la muerte no hay nada que se pueda decir, ella es irreversible, desposeída de todo lenguaje posible. Quiero seguir conversando.

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