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In Time


In Time es el nombre de la película escrita y dirigida por Andrew Niccol en la que se nos presenta un mundo donde la moneda de intercambio es el tiempo, un mundo donde los ricos son inmortales, un mundo donde se puede comprar la vida… pero, ¿qué vida?, se preguntará Sylvia Weis, hija del multimillonario Philipe Weis, cuando la trama la lleve a verse desde otra perspectiva.

Niccol retrata al sistema actual y lo cuestiona sin dejar de entregar una película de entretenimiento. Nos dice, en voz de Will Salas, que hemos llegado a esta forma social sin saber cómo y sin tener tiempo para cuestionar las condiciones dadas pues sólo nos ocupamos en sobrevivir. La sentencia “así son las cosas” nos hace creer que nuestro entorno siempre ha sido de esa manera y que no hay forma de cambiar, creemos firmemente que no hay otra posibilidad, nos conformamos a lo dado sin cuestionar la obra del hombre, vivimos dormidos una vida que no es digna de ser vivida; ante tal ilusión renunciamos a lo que Eduardo Nicol llama la vida real, a la vida de los despiertos, a la vida en consciencia.

En la película, el tiempo se escurre como agua entre los dedos para aquellos que viven al día, aquellos con apenas unos minutos marcando en el reloj biológico fluorescente de su brazo (crítica a la ingeniería genética: los avances científicos-tecnológicos, ¿qué privilegian: al ser, a las estructuras establecidas?). Niccol nos lanza la pregunta, ¿es válido que para que unos pocos puedan ser eternos, muchos otros mueran? Esto es, ¿cómo puede vivir alguien por encima de la vida de otros? Y, sin embargo, si tuvieras mucho tiempo de vida, ¿lo regalarías? Este es el trinomio en juego: poder-tiempo-vida, y esta es la pregunta de fondo ¿cómo quieres vivir tu vida?

La vida transcurre, el ser es al día, nunca tenemos la certeza del mañana y ante semejante idea evadimos nuestra realidad: somos finitos; así, gastamos tiempo vital en cosas vanas sin darnos cuenta de que en ello se nos va la vida; carecemos de un reloj que nos marque lo que hemos perdido y el no tener nuestro tiempo de vida a la vista nos hace creer que somos inmortales. ¿Qué mayor inconsciencia?

Adquirir consciencia no es fácil, a veces, como sucedió con Will Salas, algo se presenta en tu vida que te hace detenerte y preguntarte —como sucede cuando se es tocado por la filosofía—, pero moverte a la acción parece, para Niccol, que se requiere de algo más, un evento que te quite lo más cercano, lo más amado, sin ser en sí la vida misma; un evento que ya no te permita cerrar los ojos, que te lleve al no con-formismo donde perder el fuego interno es perderse a sí mismo. ¿Qué hacer con la vida? ¿Qué hacer con el tiempo? Will Salas se decide por no desperdiciarlo. Las formas son el fin mismo.

El hombre busca certezas, busca afuera el propósito de la vida, se identifica con un rol y se con-forma dentro de él. Así, Raymond Leon, basa todo su sentido de ser en el rol de guardián del tiempo hasta el punto de olvidarse de sí mismo. ¿Qué propósito puede tener la vida sino la vida misma? Creemos que somos lo que producimos; qué tan útiles somos, qué tanto valemos. ¿Por qué no nos valoramos simplemente por ser? ¿Cómo valorar lo que no conocemos? ¿No debiera empezar la búsqueda del propósito de nuestra vida desde nuestra propia existencia? ¿Cómo encontrarnos a tiempo?

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