Ir al contenido principal

De paso, un cuento

Por Flor Coss

He estado pensando en varios temas, a veces se me antoja escribir, luego se me atraviesa alguna actividad y pierdo el impulso. Hace tiempo que no escribo un cuento.

Podría escribirles la breve historia de la niña del abrigo azul pastel. Regordeta y parchada, no piensa en la vida ni en la muerte, no cree en nada más que lo que le dicen —¿por qué habría de dudar de tu palabra?—, sonríe a todo aquel que voltea a verla, no se preocupa por el futuro y, vaya, ni siquiera se imagina cómo será cuando cumpla un año más. La niña no vende fósforos ni vive esperando milagros, no tiene mascotas ni amigos imaginarios, no hay tragedias que enmendar ni fantasías de espejos para divagar... aunque sí le gustan los espejos, no para verse específicamente sino para crear infinitos sin preguntarse si ellos son posibles. En su abrigo guarda una llave que no abre ni cierra nada pero que tiene las formas redondeadas de un trébol. En su memoria sólo habitan olores que forman flores de caleidoscopio entre las que se pierde mientras dan las seis, es entonces cuando el día le regala un crepúsculo y comienza a despedirse de sus ojos abiertos.

¿Qué pasa con la niña? Lo que pasa con todos los niños: crece, no su cuerpo, no su espíritu, no su intelecto. Crece abandonándose para ser alguien, quién sabe quién pero no ella. Crece convirtiéndose en lo que le dicen que es. Ese crecer es un irse despidiendo del simple placer de sólo ser.

He estado pensando en eso del ego, también en el tiempo y en eso que me permite verme escribir y además es testigo de lo que pienso.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…