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¿Qué fue primero, la vida o la muerte?

Hace un rato escribí otra cosa, escribí por impulso como siempre, por necesidad de sacarme de dentro una pregunta sin respuesta y de pronto quise escribir algo para el mundo y dudé en hacerlo porque, seamos honestos, muchos grandes han escrito y parece que a parte de tomarla contra ellos, no pasa nada.

La verdad es que el contacto directo con la realidad agobia, las preguntas que tocan fondo incomodan y resulta un fastidio estar leyendo que la cosa va mal en nuestros momentos de esparcimiento. A nadie le gusta que le digan qué tiene que hacer pero si la cosa va mal y uno se ve involucrado de pronto inquirimos: ¿por qué no nos avisaron?

En fin, después de escribir la pantalla se borró y mis letras se perdieron, murieron, diría yo porque ya no están ¿a dónde se fueron? ¿De dónde salieron? ¿Por qué sólo se mostraron ante mí? ¿Cómo probar que existieron si no tengo evidencia alguna? ¿Por qué diantres tenemos que mostrar evidencias? Me parece que hay ocasiones en las que abusamos del método y la herramienta se convierte en nuestra guía.

Después de que perdí lo que quería decir, me dije que quizá lo mejor es quedarse callado y esperar a que "el alumno aparezca para que se manifieste el maestro" o lo qué es lo mismo, para qué ando contestando preguntas que nadie ha hecho. Yo creo que eso pasa con la filosofía, indaga sobre un montón de cosas que la mayoría prefiere hacer como si no existieran... pero existen. Yo muchas veces he querido no ver. Claro que en la forma de ver está el detalle, así que practicaré mi mirada amorosa. ¿Para qué vemos?

No pretendo contestar la pregunta de esta entrada. Si nos quedamos con ella un buen rato, empiezan a salir cosillas interesantes... ¿qué fue primero: la nada o el todo, el alfa o el omega, el orden o el caos?

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