Ir al contenido principal

¿Qué fue primero, la vida o la muerte?

Hace un rato escribí otra cosa, escribí por impulso como siempre, por necesidad de sacarme de dentro una pregunta sin respuesta y de pronto quise escribir algo para el mundo y dudé en hacerlo porque, seamos honestos, muchos grandes han escrito y parece que a parte de tomarla contra ellos, no pasa nada.

La verdad es que el contacto directo con la realidad agobia, las preguntas que tocan fondo incomodan y resulta un fastidio estar leyendo que la cosa va mal en nuestros momentos de esparcimiento. A nadie le gusta que le digan qué tiene que hacer pero si la cosa va mal y uno se ve involucrado de pronto inquirimos: ¿por qué no nos avisaron?

En fin, después de escribir la pantalla se borró y mis letras se perdieron, murieron, diría yo porque ya no están ¿a dónde se fueron? ¿De dónde salieron? ¿Por qué sólo se mostraron ante mí? ¿Cómo probar que existieron si no tengo evidencia alguna? ¿Por qué diantres tenemos que mostrar evidencias? Me parece que hay ocasiones en las que abusamos del método y la herramienta se convierte en nuestra guía.

Después de que perdí lo que quería decir, me dije que quizá lo mejor es quedarse callado y esperar a que "el alumno aparezca para que se manifieste el maestro" o lo qué es lo mismo, para qué ando contestando preguntas que nadie ha hecho. Yo creo que eso pasa con la filosofía, indaga sobre un montón de cosas que la mayoría prefiere hacer como si no existieran... pero existen. Yo muchas veces he querido no ver. Claro que en la forma de ver está el detalle, así que practicaré mi mirada amorosa. ¿Para qué vemos?

No pretendo contestar la pregunta de esta entrada. Si nos quedamos con ella un buen rato, empiezan a salir cosillas interesantes... ¿qué fue primero: la nada o el todo, el alfa o el omega, el orden o el caos?

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…