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La canción más hermosa del mundo


No sabía que la primavera duraba un segundo,

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
[...]
De las lágrimas para llorar cuando valga la pena,

De la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,

De la gota de tinta en el himno de los iracundos.
Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
Joaquín Sabina

En los tiempos que solía coleccionar con impulso insaciable motivos para seguir siendo lo que no conseguía ser, salí a la búsqueda de I Sogni a donde quiera que los sueños guardados estuvieran, corrí medio maratón como símbolo de mi afán de correr por la vida, publiqué un relato declarando mi posición de estar en la ruta y otro más en el que entretejí mis rancios temores, decidí que como fuera escribiría con tinta roja y negra La canción más hermosa del mundo.

En el medio de entonces a esta fecha fui sacando los nudos de mi alma y me cansé de que el invierno durara más que la primavera, Kipling se me adelantó con El mejor relato del mundo y sin embargo no entendía qué era eso de lo inefable. La ilusión está ahí desdibujándose, ¿cómo vivir en pos de nada que no sea la vida misma?

No sé si alguien alguna vez sea capaz de escribir La canción más hermosa del mundo como Borges escribió El Aleph. No sé si alguien se anime a vivir su vida como La canción más hermosa del mundo y hacer de ella el tesoro que no pueda ser contenido en biblioteca alguna.

Quise escribir una novela y Sabina lo intentó con una canción, pero no es mas que una ilusión incontenible como lo es el ser mismo. Como sea, duele. Esta canción me está doliendo, pero ya casi no me importa que no sea la más hermosa para ti pues soy ambiciosa y lo que busco es que sea hermosa para mí (hermosos sueños inefables).

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