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Energía

La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece.
C. G. Jung.

La fuente de vida es perenne, lo efímero son tan sólo las expresiones de ésta. En ese espacio fugaz de tu vida (de cada una de ellas, si quieres ir más lejos) la forma en cómo se expresa la fuente de vida es única, hay flores parecidas pero cada una es singular e irrepetible; cada añada es distinta, como cada parcela, cada cepa, cada vid.

La singularidad permite el cambio, la singularidad renuncia a la eternidad. El milagro de cada flor, de cada ser humano, es percibido también por unos "ojos" temporales; cada milagro y cada percepción se impactan entre sí, todo es imprescindible para la experiencia pues es el agua de la cual se nutre tu singularidad.

En ti hay, además de tu historia, la historia de todo cuanto te ha impactado, la historia de eventos singulares. En ti hay, además del impacto de otros, el despliegue de tu esencia: rareza invaluable, tesoro efímero que debe apreciarse hoy.

Como ningún ser, el humano tiene la posibilidad de contemplarse a sí mismo, de sumergirse hasta la raíz que absorbe la gracia de la fuente de vida.

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