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Desde mi recámara

Creo que no importa qué edad tenga siempre seguiré preguntando. Preguntando de todo, incluso lo más evidente, incluso sobre mí. No sé si ser así corresponda a algún tipo especial de temperamento, digo, no puedo ser así sólo yo. ¿O sí?

Me siento como la eterna niña en busca de respuestas con las que nunca estará satisfecha. No importa cuánto haya vivido, cuánto haya experimentado, siempre me pregunto por qué las cosas son como son.

Me gustaría tener respuestas, intento tenerlas e intento darlas cuando me preguntan sobre la vida. A veces, mientras respondo, me escucho asombrada de oír lo que digo, me asombra saber cosas y no tener la certeza de que las sé. Creo que debería decir que no soy yo cuando contesto.

A veces la vida me parece tan tremendamente complicada que me agobia no tener un mapa con una flecha de "usted está aquí" y otra flecha de "meta". A lo mejor eso es falta de fe. Otras veces, las menos, creo que la vida sólo es un juego y lo que importa es divertirse; la vida podría ser sólo una obra de teatro donde interpretas un rol y no te importa cómo acabe tu personaje porque sabes que no eres tú. Alguna vez alguien me dijo que lo que en verdad importa es experimentar y dejarse sentir... sí, creo que cuando uno hace eso puede decir "he vivido".

Luego me siento un poco sola porque no tengo con quién sumergirme en pensamientos como éstos sin tener que explicarlo todo. De modo que escribo, escribo esperando encontrarme otro día y poder contestarme.

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