Ir al contenido principal

¿Cuál es el precio de tu libertad?

¿Alguna vez has deseado observar al mundo bajo tu propia perspectiva? Mira por la ventana y trata de ver sin juicios, saborea tu próxima comida y trata de no emitir juicios, escucha la primer melodía que salga de tu radio y trata de escucharía como si fuera la primera vez que escuchas algo, toca tu piel y no emitas juicios, huele e intenta no acordarte de nada. ¿Puedes?

¿Qué es tu propia perspectiva, de qué está construida? Seguramente tu perspectiva se compone de experiencias de quien fuiste alguna vez... pero que ya no eres; quizá, espero que no, también se componga de ideas que no son tuyas y que permitiste que las implantaran en ti (tus padres, tus maestros, tus amigos) y que las sigues validando día con día. El ser humano, debes saber, es un ser dinámico: cambia todo el tiempo.

Soy tal o cual cosa (no sé como llegaste a esa conclusión), mi destino o "mi cruz" siempre ha sido éste (¿has pensado que lo puedes cambiar?), mis relaciones siempre han sido así (y, ¿al menos te gustan?), yo hago esto porque es mi deber, porque así dicen que alguien como yo debe hacer las cosas, creo en tal cosa porque así siempre ha sido, es muy tarde para que cambie, así soy yo. Entonces, ¿deseas ser libre?

Una persona libre es líder, jamás es seguidora: piensa por sí misma. El precio de la libertad está en el esfuerzo que se requiere para ejercer la propia voluntad, en abandonar la comodidad del "así me dijeron" por el "así digo", en sostener conscientemente la propia existencia de lo que se elige ser a cada momento y en nunca desear tener a quién culpar.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…