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Bye-bye

A veces la vida se pone gráfica y caprichosamente didáctica, entonces no hay más que hacer que detenerse para escuchar y ver con suma atención lo que con tanto fervor quiere decirnos.

"Por casualidad" iba pasando nuevamente (de un tiempo a la fecha las rutas de mi vida han cambiado) por el parque al que solía ir de pequeña. Me sobraba un poco de tiempo, de modo que fui navegando en neutro para aprovechar el impulso y seguir con mi práctica de cero resistencia (a veces mi resistencia es tanta que francamente luzco patética). La visión que se habría adelante me costó asimilarla: los juegos están siendo demolidos, bye-bye infancia.

Si antes dije que uno vuelve en espiral al mismo punto, hoy digo que puede ser necesario derrumbar el pasado para evitar volver. Ya no soy más aquella sin voz, aquella sin poder para decir su verdad; bye-bye pequeña, mira tus cicatrices y callosidades... que a cambio de disminuir tu sensibilidad a la vida, esas marcas de vida te permitan sentir como nunca: con voz, completa.

Foucault diría (aquí la didáctica) que la cosa en realidad se trata de habilitarte para permitirte pensar diferente, no diferente de los otros, diferente de ti, diferente de creencias asumidas cuando se era otro... porque hoy, niña mía, ya eres otra.

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¿Qué debemos hacer?

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Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

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