Ir al contenido principal

El poder del ahora

No puedo escribirles otra cosa además de que me duele la muela de una manera tan poco llevadera que corrí al dentista a que me diera las malas nuevas. Digo, un dolor así no puede ser indicio de otra cosa.

Con mi casa patas arriba porque se me ocurrió que era buen tiempo de un cambio y no por no tener nada que hacer sino porque mi casa me lo ha estado gritando. Por ejemplo, en mi recámara hay un espejo que decidió caerse y hacer un boquete en la pared. La foto que tenía pegada con un goma se ha caído sesenta mil veces. Una pared desde siempre me ha dicho: "no soy blanca", y no le hice caso y siguió rezongando por un año. Bueno, hasta el vecino se está mudando y la otra vecina que llevaba ocho años sin darle una manita de gato a su casa, decidió que era el momento y eso incluía pintar la pared que da a mi casa. Ajá.

Las plantas del patio crecían exuberantes y un jardinero tocó a mi puerta. "Pásele", le dije.

La sala con libros regados porque dicen que ya no van ahí. Muebles en desorden y para colmo una muela que se me ha fracturado y que requiere asistencia mayor porque en cualquier momento se parte en dos. ¿Eh? ¡Y yo que hice! Ni que hubiera mordido muéganos o la carnaza de Mac y Meg.

Así que estoy con todo patas arriba y un dolor que está volviendo al tiempo que parte la anestesia. No he ido por el medicamento, hasta mi dentista me recetó una pastilla milagrosa de "úsese en caso de extrema urgencia". El arreglo molar tardará un tiempo, mientras yo aquí sufriendo en el ahora (juro mi querido Deeksha Giver) y no es un dolor que dure minutos.

Y qué creen que estoy leyendo, nada más para que vean como todo está sincronizado en mi vida: "El poder del ahora".

Aquí estoy, sintiendo a todo lo que da y sin ganas de pensar en nada más que en mi muela aquí y ahora.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…