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El poder del ahora

No puedo escribirles otra cosa además de que me duele la muela de una manera tan poco llevadera que corrí al dentista a que me diera las malas nuevas. Digo, un dolor así no puede ser indicio de otra cosa.

Con mi casa patas arriba porque se me ocurrió que era buen tiempo de un cambio y no por no tener nada que hacer sino porque mi casa me lo ha estado gritando. Por ejemplo, en mi recámara hay un espejo que decidió caerse y hacer un boquete en la pared. La foto que tenía pegada con un goma se ha caído sesenta mil veces. Una pared desde siempre me ha dicho: "no soy blanca", y no le hice caso y siguió rezongando por un año. Bueno, hasta el vecino se está mudando y la otra vecina que llevaba ocho años sin darle una manita de gato a su casa, decidió que era el momento y eso incluía pintar la pared que da a mi casa. Ajá.

Las plantas del patio crecían exuberantes y un jardinero tocó a mi puerta. "Pásele", le dije.

La sala con libros regados porque dicen que ya no van ahí. Muebles en desorden y para colmo una muela que se me ha fracturado y que requiere asistencia mayor porque en cualquier momento se parte en dos. ¿Eh? ¡Y yo que hice! Ni que hubiera mordido muéganos o la carnaza de Mac y Meg.

Así que estoy con todo patas arriba y un dolor que está volviendo al tiempo que parte la anestesia. No he ido por el medicamento, hasta mi dentista me recetó una pastilla milagrosa de "úsese en caso de extrema urgencia". El arreglo molar tardará un tiempo, mientras yo aquí sufriendo en el ahora (juro mi querido Deeksha Giver) y no es un dolor que dure minutos.

Y qué creen que estoy leyendo, nada más para que vean como todo está sincronizado en mi vida: "El poder del ahora".

Aquí estoy, sintiendo a todo lo que da y sin ganas de pensar en nada más que en mi muela aquí y ahora.

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