Ir al contenido principal

El otro lado de la luna

Alguien me dijo que es muy bueno tener dudas. No sé. Hoy, por ejemplo, no creo que sea tan bueno. Será que he tenido mucho tiempo para pensar y ya saben que cuando sucede esto, la mente se crea muchas historias. Y aquí, justo cuando acabo de escribir la palabra "mente", me pregunto si en verdad me creo esa historia de que la mente es un mecanismo que tiende a robarse el protagonismo de nuestro verdadero ser o no son todas esas cosas nada más que puras pendejadas (como creer en que la manera en que convivimos en este planeta puede cambiar).

En días como hoy me pregunto si no he hecho nada más que perder el tiempo creyendo en que puedo cambiar el curso de mi vida hacia un lugar que desconozco por completo. He conocido personas que se han decidido a escribir y lo hacen y publican. Pregúntenme qué he hecho yo con mis ganas de escribir. Pregúntenme hace cuánto que no escribo un relato, hace cuánto que no trabajo en la novela que he despedazado en mi cabeza más de cien veces y en el papel unas cinco, hace cuánto que no sigo mi línea de estudiosa y cumplida. ¿A qué estoy jugando?

Hoy, justo hoy, leí que el mundo no es de los que sueñan, sino de los que actúan. ¿Qué he hecho? ¿A qué se refieren con "hacer algo"? ¿Realizar una especie de actuación en un trabajo?

Hoy estoy aquí, sentada sobre mi cama y sin respuestas. Hoy estoy aquí con tan sólo la idea fantasmal de la esperanza que no me alcanza para conciliar el sueño. Hoy no sé en qué creer, a qué decirle que SI. ¿Por qué me pega tan fuerte el éxito de los otros? ¿Por qué me comparo una y otra vez sabiendo de antemano que no puedo ser los otros? ¿Quién soy?

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…