El otro lado de la luna

Alguien me dijo que es muy bueno tener dudas. No sé. Hoy, por ejemplo, no creo que sea tan bueno. Será que he tenido mucho tiempo para pensar y ya saben que cuando sucede esto, la mente se crea muchas historias. Y aquí, justo cuando acabo de escribir la palabra "mente", me pregunto si en verdad me creo esa historia de que la mente es un mecanismo que tiende a robarse el protagonismo de nuestro verdadero ser o no son todas esas cosas nada más que puras pendejadas (como creer en que la manera en que convivimos en este planeta puede cambiar).

En días como hoy me pregunto si no he hecho nada más que perder el tiempo creyendo en que puedo cambiar el curso de mi vida hacia un lugar que desconozco por completo. He conocido personas que se han decidido a escribir y lo hacen y publican. Pregúntenme qué he hecho yo con mis ganas de escribir. Pregúntenme hace cuánto que no escribo un relato, hace cuánto que no trabajo en la novela que he despedazado en mi cabeza más de cien veces y en el papel unas cinco, hace cuánto que no sigo mi línea de estudiosa y cumplida. ¿A qué estoy jugando?

Hoy, justo hoy, leí que el mundo no es de los que sueñan, sino de los que actúan. ¿Qué he hecho? ¿A qué se refieren con "hacer algo"? ¿Realizar una especie de actuación en un trabajo?

Hoy estoy aquí, sentada sobre mi cama y sin respuestas. Hoy estoy aquí con tan sólo la idea fantasmal de la esperanza que no me alcanza para conciliar el sueño. Hoy no sé en qué creer, a qué decirle que SI. ¿Por qué me pega tan fuerte el éxito de los otros? ¿Por qué me comparo una y otra vez sabiendo de antemano que no puedo ser los otros? ¿Quién soy?

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