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Lo que está detrás

Hoy me quedé sorprendida del enojo que me causaba la bomba que sube el agua de la cisterna al tinaco de mi casa. ¿Cómo puede un objeto inanimado hacerme sentir mal? No puede ser que el hecho de que se prenda y se apague cuando le da la gana me ponga de tan mal humor. Es sólo una bomba ¿no?

Como la bomba no es susceptible me dispongo a charlar con ella sobre su "actitud" y lo que me hace sentir.

—Bomba, —le digo —se supone que eres automática y que tu deber es encenderte cuando el nivel de agua del tinaco baja ¿entiendes? Me molesta que te prendas y dos segundos después te apagues ¿te vas a encender o no? ¿Por qué tanta pinche indecisión? La cosa es muy simple: bajo nivel de agua, te enciendes, se llena el tinaco, te apagas. Porque eso que haces "ahí voy, mejor no, bueno sí" son chingaderas. ¡DECÍDETE!

Mis hombros se tensan, me empieza a doler el cuello. ¿Alguien ya adivinó lo que hay detrás de mi enojo?

No es la bomba, claro, ni el hecho que sucedió hoy, ni ayer. La herida es mucho más antigua y se repite una y otra vez en mi vida de mil y un formas... Estoy en casa de mis papás, tengo 7 años, ellos discuten, plantean divorciarse y no se hablan y luego se vuelven a besar y más tarde de vuelta a lo mismo y yo ahí sin poder hacerme a la idea de nada, sufro la incertidumbre que se ha trasformado ahora en sufrimiento por la indecisión de la gente: me van a hablar o no, me quieren o no, se va a realizar lo planeado o no, están conmigo o en mi contra. Y me molesta porque yo siempre cumplo lo que prometo... pero claro, esa soy yo.

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