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Mostrando entradas de mayo, 2010

Pizza

En el Istituto Italiano di Cultura que se encuentra en la Ciudad de México (Coyoacán) se encuentra un restaurante lejos del mundanal ruido donde se hacen pizzas en un horno alimentado con leña.

Tanto el que prepara las pizze como el chef son italianos y lo más bonito es que todo el tiempo hay música italiana y que los comensales son amantes de Italia.

El lugar en sí es muy bello, con un jardín amplio y las instalaciones de construcción colonial. Mi pizza preferida es la Capricciosa.

Otra vez

El insomnio a regresado con renovadas energías y eso en ningún caso es bueno. Logré planchar toda mi ropa, y eso está bien, pero ahora con el cuerpo cansado ya no me da para ninguna terapia ocupacional y el cerebro se ha puesto a pensar, lo cual es terrible.

Me puse a "apretar botones" a los que nunca debí haberme siquiera acercado (léase: me puse a estar buscando lo que no quería encontrar). ¿Y ahora qué? Me entrego a la emoción... dolor de estómago, opresión en el pecho, impotencia, envidia, tristeza. Ante esto mi mente no puede resolver, el razonamiento es completamente inútil. Me siento como si no pudiera salir del mismo sentimiento de toda la vida, por más que intento.

¿Por qué me torturo? ¿Por qué mi cabeza me dice cosas tan feas? Es como sabotaje pues nada me ha pasado para detonar este terror emocional, son puros fantasmas. Adicción al sufrimiento. Ya no me parece nada lindo. Ya me harté de la bromita que me juega mi cabeza cada vez que quiero descansar.

Ven fantasmi…

Lo que está detrás

Hoy me quedé sorprendida del enojo que me causaba la bomba que sube el agua de la cisterna al tinaco de mi casa. ¿Cómo puede un objeto inanimado hacerme sentir mal? No puede ser que el hecho de que se prenda y se apague cuando le da la gana me ponga de tan mal humor. Es sólo una bomba ¿no?

Como la bomba no es susceptible me dispongo a charlar con ella sobre su "actitud" y lo que me hace sentir.

—Bomba, —le digo —se supone que eres automática y que tu deber es encenderte cuando el nivel de agua del tinaco baja ¿entiendes? Me molesta que te prendas y dos segundos después te apagues ¿te vas a encender o no? ¿Por qué tanta pinche indecisión? La cosa es muy simple: bajo nivel de agua, te enciendes, se llena el tinaco, te apagas. Porque eso que haces "ahí voy, mejor no, bueno sí" son chingaderas. ¡DECÍDETE!

Mis hombros se tensan, me empieza a doler el cuello. ¿Alguien ya adivinó lo que hay detrás de mi enojo?

No es la bomba, claro, ni el hecho que sucedió hoy, ni ayer. La he…

Hablar o no hablar

A ver, a ver. Sí, estoy a favor de la honestidad pero también existe algo que se llama "tacto" y su principal función es no arrasar con el de enfrente. Nuestras palabras y nuestros modos hablan por nosotros y cuando tenemos una emoción desagradable ésta se esconde entre los tonos, las miradas, el lenguaje corporal y la selección de las palabras usadas y, créanme, el de enfrente se da cuenta.

Así que, ¿hablar o no hablar? Todo depende de tu intensión ¿quieres comunicar o lastimar? Supongamos que alguien se equivoca y en pro de mi-pseudo-verdad le digo "pendejo" ¿Estoy diciendo la verdad o estoy emitiendo un juicio?

Cerati

"Avanzo y escribo
decido el camino
las ganas que quedan se marchan
con vos
[...]
Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero
salir a caminar"

Juan Campodonico, Gustavo Santaolalla

El mareo no pudo ser mejor interpretado que por Gustavo Cerati, logrando así una canción que impacta de primera y se queda para siempre. Desde luego que Santaolalla es garantía también.

Por qué la cita. Porque en efecto, Cerati, escribo pero las ganas se marchan si no estás vos, si no te veo prefiero salirme a caminar en un intento de apagar todo esto que siento mientras vos estás ahí, "dormido".

Detengan el tiempo mientras Gustavo despierta.

Ramazzotti, segunda vuelta

Ramazzotti me gusta desde 1992 (uuuuuuuuuh). Me gusta sobre todo porque me encanta su idioma, el italiano. Todas las canciones las tengo en italiano, desde luego.

Y en el año que se le ocurre venir saca un disco con el que estuve en completo desacuerdo y muy enojada no fui a verlo. Háganme el favor. Solita me castigo.

Pasaron muchos años y Ramazzotti no volvía y yo, ya se imaginarán, arrepentidísima. Desde luego que seguí escuchando su música y gracias a él llegaron Gianluca Grignani, Michele Zarrillo, Lucio Dalla, Zucchero y Jovanotti. Y fui feliz.

Antes de poder ver a Ramazzotti, me emocioné con Zucchero y Dalla... los otros tres, estoy resignadísima a no verlos, al menos no en la Ciudad de México.

Y un día volvió. No lo podía creer, pero tanta emoción me bloqueó (rarísimo en mí) y NO SENTÍ NADA, encima cantó en español y nada más me quedé mirando. Qué extrañas sonaban para mí las canciones en mi idioma... tan lejanas.

Ayer volvió, y quise repetir. No me importó que cantara en espa…

Flor solitaria o sobre las estrellas

Camino a la escuela un niño de 24 años me detuvo para ofrecerme uno de sus dibujos porque necesitaba dinero para comer. A él le gusta dibujar las flores, de modo que el dibujo me venía muy bien. Revisé su portafolios y algo me decía que le pidiera uno especial para mí.

—¿Qué tienes que hacer? —me dijo.
—Nada, ¿y tú?
—Nada.

Así que en medio del sol nos sentamos junto a una fuente. Se me quedó mirando y me dijo, —Tú eres una flor solitaria... que chido.

Le ofrecí mi cuaderno para que me hiciera el dibujo pues no quería perderlo ni que se me doblara la hoja. Pintó ahí una flor que podría convertirse en una mariposa al lado del mar y mirando al sol.

—No te falta nada —me aseguró.
—Sí me falta.
—¿Qué?
—Amor.
—Te amas a ti, ¿no?
—Sí —dije sin dudar.
—Entonces no te falta nada, lo tienes todo. Sólo hay que respetar la individualidad.

Qué precisa su observación, que oportuna su llegada... A punto de acabar el dibujo me preguntó,

—¿Crees que te merezcas una estrella?
—¡Claro!
—¿Segura?
—Sí
—…

El pasado hoy

Cuando menos lo esperas las imágenes de tu pasado vuelven para recordarte quién eres hoy.

Recuerdas lo que anhelabas, lo que sentías y descubres que en esencia no hay gran diferencia.

Te reconcilias con tu historia. Respondes algunas de tus preguntas antiguas. Formulas otras que ocupen su lugar.

Cuando menos lo esperas detienes tu auto. Bajas a mirar un espacio que creías olvidado. Suspiras. Vuelves. Y desde ahí, en otro tiempo, continuas por la espiral en torno al mismo centro.