Ir al contenido principal

Trabajando desde adentro

Jesus said, "If you bring forth what is within you, what you
bring forth will save you. If you do not bring forth what is

within you, what you do not bring forth will destroy you."

Gospel of Thomas, 70


Me pongo a pensar sobre la diferencia entre la transmutación y el autocontrol.

A través de la simple y peligrosa enseñanza que recibí: "Debes ser una niña buena". Y sus derivados: "Las niñas buenas no hacen berriches", "Las niñas buenas estudian", "Las niñas buenas no dicen palabras feas", "Las niñas buenas se comen todo lo que les sirven", etc. Me fui convirtiendo en alguien bueno para los demás con una capacidad autoflagelación severa.

Y como diría mi mamita, "pero ya estás grande y sabes lo que es bueno y lo que es malo". Y sí, pero ¿cómo se quita uno esa costumbre tan arraigada de ir en contra de uno? Es más difícil que quitarse un vicio. La cosa se complica en mi caso porque tengo una tendencia de "hacer lo correcto" que me da por indagar e indagar hasta que me aseguro que estoy haciendo lo correcto, estoy siendo "una niña buena".

Eso de "ser bueno" es como querer ser "perfecto", es una tarea imposible. Además, ¿bueno para qué o para quién?. Si me trago un berrinche lo primero que siento es un dolor en la garganta que dependiendo de qué tan fuerte sea mi enojo, frustración, etc. se convierte en enfermedad o en canas o en arrugas. Si me dedico a estudiar se me olvida que también soy un ser social, me aíslo, me reprimo y eso me lleva a la intolerancia.

Pero bueno, uno no puede ir aventando "madres" por la vida y sacando todas las emociones que hacen daño si se las queda uno, ¿entonces qué hago? ¡Ahhh! Uno se pone atento, observa lo que le pasa, recibe la emoción y busca su origen, entendiendo cual es la causa raíz y se actúa en consecuencia, si es que se debe hacer algo afuera, o deja que la emoción pase; esto es más o menos la transmutación, es algo así como reciclar antes de tirar, en lugar de tirar tu enojo lo usas para curar una de tus heridas.

A mí me ha servido decir cómo me siento, eso permite que el de enfrente tome sus precauciones si es una emoción agresiva (para cualquiera de las partes) o que sepa que estoy experimentando alguna emoción agradable. No digo que ya domine la técnica, qué más quisiera, pero cuando lo he intentado me ha servido. Tampoco crean que el de enfrente es muy ducho en recibir un "me siento mal", la mayor parte de las veces actúan como si uno dijera "¿cómo estás?", pero con el tiempo entenderán.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…