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No le encuentro el ritmo

La semana pasada corrí los 10K de la carrera nocturna de Emoción Deportiva en el circuito de CU. Lo pensé mucho porque el correr de nuevo y de noche me hacía sentir algo así como insegura por lo que me pasó la última vez que lo hice, pero al final me inscribí precisamente por eso. Me encanta correr y no estoy dispuesta a asociarle ningún mal sentimiento.

Me acompañó mi mamá y aproveché para sacarla a bailar con la Sonora Dinamita, intenté darle vueltas pero no nos pudimos coordinar y terminamos bailando solas pero acompañadas. Así es más o menos como estamos viviendo nuestras vidas, cada una por su lado pero en cierta forma acompañadas.

Me gustaría decir que estamos más cerca ahora pero sería engañarme, nuestra cercanía no ha hecho mas que intensificar nuestras diferencias en el ritmo con el que "bailamos" en la vida. No somos polos opuestos, son nuestras similitudes las que nos separan. Somos dos pies izquierdos (o derechos, qué importa).

Sé que ahora necesita mi apoyo, pero ¡demonios! yo necesito a mi madre.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

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