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La Solitudine

Generé el ambiente perfecto...

De mi cocina salieron calabazas asadas con sal y pimienta, rajas de chile poblano con elotes y nopales, arroz rojo (el primero que me sale bien, segundo intento). Seguí el consejo de La Güera y tomé una botella de la colección para evitar que se convirtiera en vinagre esperando el momento perfecto... El maridaje fue superior, mi Beaujolais estaba en su punto (Jean-Jaques Paire merece una ovación de pie por tal logro).

¿Qué más? Música... Dala, Jovanotti, Ramazzotti, Zarrillo. Una frazada tejida por una artesana sueca, las paredes de mi casa de un blanco inmaculado. ¿Qué podía estar mal?

Una copa, dos copas... cuatro. El paladar extasiado, el corazón abierto. Rompí a llorar. Algo debo estar haciendo mal... Impotencia. La vida no se rige by the book.

De entre todo lo que me rodea no está lo que siempre he deseado. Qué simple debía haber sido conseguirlo pues no cuesta. ¿Que si me lo merezco? ¡Claro!... T.S. Eliot me mira desde su recuadro, le guiña un ojo a Selma Lagerlöf. Hemingway me da la espalda al igual que Sartre.

La Solitudine.

Una mosca vuela sobre mi coffe table anunciando que nada es perfecto. Siempre habrá una mosca sobrevolando el territorio conquistado recordando que no se tiene todo (por regla será lo que llega sin hacer nada).

Le digo a la mosca que se vaya. No me hace caso. Embrace your fears.

Aiutami Aiutami.

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