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Mostrando entradas de abril, 2009

Expo en Pino Suárez

Bueno, no es que sea la Terminal 5 de Arlanda pero en la terminal del metro Pino Suárez hay una exposición bastante agradable del Registro Civil, en ella muestran copias de documentos oficiales de algunos distinguidos mexicanos, entre ellos: Carmen Aristegui, Elena Poniatowska, Alfonso Cuaron, Octavio Paz, Jaime Sabines, Alejandro González Iñárritu, María Félix...

Lo agradable es el gran interés que despierta entre los pasajeros que se detienen en los pasillos para leer los afiches. Otra cosa agradable es pensar en las cosas que ellos han hecho para dejar de ser el promedio.

Todavía son pocos los ejemplos. ¿No te gustaría estar entre ellos?

Quién los protege a ellos?

El sistema de salud en México es insuficiente, el que hay a veces es muy poco profesional.

Me acuerdo cuando mi papá estaba hospitalizado en una clínica del IMSS, compartía un cuarto con ocho personas más que iban cambiando constantemente. Mi padre vio de todo. Cuando entraba a verlo fijaba mi mirada en él para evitar cualquier conocimiento de los demás. Luego de un rato salía para irle a comprar lo que necesitara, como agua. Así es, no hay agua para los enfermos (ni no hay eso, no me quiero imaginar que más no hay).

Supongo que no debería sorprenderme que la gente aquí se muera de enfermedades que en otro país curarían en pocos días. Supongo que no debería sorprenderme que digan que hay suficiente medicina para todos (¿quiénes son todos?), esa maldita idea de ocultar, esa tendencia nacional de decir que vamos bien cuando no es así.

El dinero nunca se usa como debiera. Siempre hay alguien que se queda con lo que no es suyo simplemente porque puede. La salud social es francamente triste.

O…

Finalista del VI Premio de Relato mínimo Diomedea

Me enteré el día de hoy, gracias a los comentarios dejados en el post anterior, que he sido honrada como finalista del VI Premio de Relato mínimo Diomedea que organiza Sergi Bellver.

Ha sido toda un grata noticia. Muy grata.

Les dejo la liga en donde se encuentran los relatos de los finalistas y el ganador (Diomedea). No se los pierdan.

Agradecimiento

Dios bendiga a los escritores, a los actores, a los cantantes, a los músicos, ... a los artistas en general que llegan a mi vida para entregarme momentos de dicha, calor y confort. Agradezco a aquellos que crean historias que me dan esperanzas, a quienes con su belleza y talento iluminan las pantallas dándome más material para soñar, a quienes con su voz exquisita me acarician durante el día y por las noches, a quienes entre notas y letras me estimulan lo que ya creía ficción.

Quiero agradecer también a los extraños que me regalan sonrisas, a los conocidos que se detienen a preguntarme cómo estoy con genuino interés y a los amigos que no me dejan creer que estoy sola.

Doy gracias a las extrañas coincidencias que me dan motivos. Doy gracias a Dios por mostrarme que aún hay más.

A todos les deseo que la vida los toque.

Ya basta

Arriba de la cabecera de la cama en la que duermo hay un letrero que dice muy clarito: "YA BASTA DE PENDEJADAS". Lo veo todo los días, ya casi se convierte en oración.

Aunque yo no lo puse (creo que no me atrevería a imprimir algo así, en parte por mi educación y en parte por mi propia represión) me pareció bastante adecuado, muy franco y un ideal a seguir. Como todo ideal, sé que es inalcanzable, que invariablemente en algún momento cometeré alguna pendejada. Pero el punto no es ese, lo que persigo es despertar mi conciencia, dejar de actuar dormida, dejar de hacer lo que me enseñaron a hacer, olvidarme de lo que se espera de mí y hacer de una vez por todas lo que me dicta mi interior.

Corriendo en la Malinche

En la vida hay que tomar decisiones. Todo el tiempo, una tras otra. Las más de las veces no se puede detener uno a pensarlo mucho, pero cuando son decisiones importantes lo mejor es no apresurarse.

12:00 y el sol quemándonos en Tlaxcala. Vamos a la Malinche a caminar. La propuesta estaba en la mesa y de inmediato se requería el sí o el no. Sí, dije y corrí por mis tenis.

Me llevaron a las faldas y me preguntaron que cuánto iba a correr. –¿Cómo? yo no me lo esperaba, pero si hace mucho calor– todo eso pensé pero en realidad tenía dos opciones: correr o no correr, y había que decidirlo ya porque ya estaban abriendo las puertas de la camioneta. ¡Válgame! pues correr, no todos los días se puede correr en una montaña entre piedras con subidas y bajadas.

Y ahí voy de subida, qué pesado Dios. Veinte minutos y ya me pedían que me regresara (han de saber que me venían escoltando en camioneta), siguiente decisión, me trepo a la camioneta o me voy corriendo de bajada. Pues ahí voy de bajada a todo …

Mac y Meg en primera clase

Ni para quejarse mis perrines ahora de viaje terrestre: trayectos cortos, aire fresco y mucho más cerquita de mí. Ni compararlo con la tortura del viaje por avión.

Bueno, creo que la única tortura para ellos es ir oliendo los mangos y no podérselos comer.

Creo que no se me olvidó nada.

Museo Regional de Tlaxcala

Dice la guía turística estatal de Tlaxcala que este museo (muy bonito, por cierto) se encuentra en los claustros del antiguo convento de San Francisco, así que la propia construcción ya es en si misma digna de visita.

El museo muestra deidades tlaxcaltecas, incluyendo a Camaxtli que era el mero mero cuando este lugar se llamaba Tlaxcallan.

Se llega caminando desde el Centro de Tlaxcala que está muy bien cuidado, sus portales pintados con tonos terracotas y sus plazas muy limpias y con acceso a Internet gratuito, cortesía del ayuntamiento.

Quien venga no deje de probar las nieves cerca de los portales (la nevería con más gente es la mejor) ni tampoco se olvide de llevar pan de La Concha.

Abajo del ex-convento hay una plaza de toros que está verdaderamente linda.

Horario: Martes a Domingo de 10:00 a 17:00
Entrada: 41 pesos

Semana Santa en un pueblo

Esta es la parte final de una procesión en un pueblo de México. Es la primera que veo, es la primera vez que estoy fuera de casa en semana santa, en realidad es hoy muchas primeras veces...

Estoy sola en una casa que no es mía, intentando arreglar el primer capítulo de mi primer novela. El servicio de Internet es prestado de un vecino, para recibirlo tengo que sentarme en una mecedora a la sombra de dos nísperos.

Como desde luego sola, me preparo tres sopes con salsa verde y un taco de frijoles. Acá no hay Coca Light ni Coca Zero, me pregunto si es porque no tienen ningún sentido ponerse a dieta por acá.

Las moscas me pican las piernas y la espalda, en un ataque de ira mato a una veintena de desgraciadas. El viento sopla, bendito sea Dios, para refrescarme la piel requemada. Mientras, me construyo un playlist con algunas canciones movidonas para despabilarme, tras algunos cambios en el sofisticado aparato de sonido de la casa logro enchufar mi iPod. Y afuera la procesión. Qué extrava…

Mi primer regalo

Salí por el medio día a pasear yo sola por la ciudad. El calor a sus anchas me hacía abrir las ventanas del coche para que el aire entrara corriendo mientras me desplazaba al ritmo de Metallica. Iba yo dándole con mis dos dedos al volante en una graciosa imitación de baterista.

Pensé en cuál podría ser mi regalo (de mí para mí) y después de una parada en una tienda de libros y salir con tres tomos enormes y la película de Twilight me fuí contenta a comerme (¡qué diablos!) una gordita de requesón y otra de chicharrón prensado. Ya con esto andaba yo muy feliz calculando el número de horas de diversión que me daría el regalo que me compré.

Lo mejor estaba por pasar, al llegar a casa un arreglo de flores inesperado esperaba por mí: mis amigos El Actuario y La Matemática me mandaban rosas blancas desde su tierra muy lejana. Yo les mando un abrazo público-virtual. Me han tocado el corazón.

Pensando

Estoy pensando que voy a hacer.

Los días se acaban rápido y también se van apagando despacio. Todo espero menos acabar con los pies por delante. No, no es cierto, no lo espero todo. En realidad mi pesimismo me lleva a no esperar absolutamente nada. No, tampoco es cierto, sí espero un milagro. Pero los milagros no es algo que ocurran de a diario y a todos.

¿Qué es un milagro? ...Una intervención divina (trascendental) en el universo. ¿Necesitaré desprenderme de todo sentido común para que me ocurra? A lo mejor es suficiente con abrirme a la posibilidad.

Los milagros son milagros cuando ocurre algo que le ayuda uno sin que se haya trabajado materialmente por ello. Algo así no necesita comprobarse, simplemente sucede, ¿para qué explicarlo? A veces los llamados "científicos" me parecen no sé si estúpidos o soberbios. Imagínense que, de una, digan que Dios no existe porque no es algo demostrable. Es como si yo no existiera para mis perros sólo por su inhabilidad para comprobar que m…

Desde México

A ver cómo se vuela desde México... No es que no lo haya intentado antes pero mis condiciones son bastante diferentes.

La Ciudad de México es enorme, realmente enorme. Es tan grande que uno puede sentirse perdido, hay tanto que se puede creer que no se tiene nada. México es tan caótico que no hay mas alternativa que crearse uno su propio micro-sitio y tratar de olvidar (por salud mental y emocional) al menos por algunas horas que se es parte de una masa que parece que va sin rumbo.

México es un país pobre para la mayoría. Para los privilegiados es un país de riqueza. Todo depende de en qué lado te encuentres. No es lo mismo abrir los ojos en una zona rural de Xochimilco o Milpa Alta, que en una zona tapizada de cemento de Iztapalapa o Iztacalco. Tampoco es lo mismo pasear por la calle 20 de Noviembre que por la de Masaryk. Pero qué le vamos a hacer, aquí nos tocó vivir. Sé que suena deprimente (o a lo mejor a los positivos les suene retador) decir "aquí nos tocó" como quien es…

Mi cumpleaños

Se acerca mi cumple número treinta y nueve. Así viéndolo de golpe parece que el tiempo se ha ido rápido, pero ya pensándolo mejor la verdad es que me han pasado muchas cosas. La facilidad de recordarme en la primaria imaginando cómo sería tener veintiocho me hace creer que parece que lo viví ayer.

Podría contar mi edad por películas vistas, por libros leídos, por helados disfrutados, por botellas de vino paladeadas, por tazas de café bebidas, por caminos andados, por canciones bailadas, por sueños construidos. Quisiera contarla así y no por intentos fallidos.

Me ha costado tanto llegar a donde estoy ahora que me da terror la posibilidad de regresar. Por delante el camino se avista escabroso pero estoy determinada a no dar ni un paso atrás.