Ir al contenido principal

Leyendo en el tunnelbana

He observado que conforme el frío se incrementa, a la gente le da por estar consigo misma, es como si se calentaran mirando hacia adentro.

Es común que la gente lea en el metro, pero estos días la gente abre más sus periódicos y se inclina ante ellos. Desde luego que también están los que traen libros. Los libros son más comunes por la tarde, cuando las noticias han pasado.

Habían de hacer una edición de periódicos con noticias buenas. Seguro la gente preferiría saber que vamos para adelante; aunque, claro, están los que les gusta martirizarse leyendo sobre la política y la economía, alimentando su estrés y sintiendo que tienen la información suficiente para tomar las grandes decisiones.

¿Será posible dejar de jugar a las especulaciones y dejar a un lado el dinero electrónico?

Bueno, mejor cambio de tema. Volviendo a la lectura en el metro... si le ponemos aire acondicionado al metro en México para que todos se congelen, a lo mejor dedican el viaje a pensar un poco más... y si iniciamos una campaña de lectura haciendo que las personalidades de la tele salgan leyendo y comentando de libros, a lo mejor por imitación incrementamos el índice de lectura.

Yo por mi parte hago lo mío, leyendo y comentando a los que conozco de lo que leo. Con mis papás es muy agradable seguir compartiendo ese gusto, luego les paso libros y ellos me dan su punto de vista y así amplío mi visión y también los conozco más a ellos.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…