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Las manos del trabajo

Estas son las manos de un vitivinicultor italiano. Ya pocos son los afortunados que sus manos demuestran el tipo de arte que generan. A veces dejo a un lado la computadora y me pongo a escribir con plumilla, inevitablemente me mancho los dedos de tinta pero me pongo muy feliz de ver que mis manos han trabajado.

Maurizio Lambardi produce un Montalcino suave (tanto el brunello como el rosso) desde 1973, usando 100% la variedad de uva sangiovese.

Muchas veces he escuchado a gente pedir vino pero que no sea muy fuerte, bueno esta es una opción. Para degustarlo es mejor decantarlo, de esta manera se oxigena más rápido y se aprecia mejor en nariz y paladar.

En lo particular no estoy muy de acuerdo en la cuestión del puntaje que se les da a los vinos pues es algo subjetivo (lo que le gusta a uno puede no gustarle a otro y lo que te disgusta hoy puede gustarte mañana), es una referencia. Quienes dan los puntajes son los críticos del arte del vino y mientras más referencia se haga a ellos más poder tendrán sobre el éxito o derrota de un vino, así que me niego a mencionar lo que dicen sobre este vino y sobre los futuros que mencione. Lo único que sirve realmente es la descripción de aromas y la recomendación para el maridaje.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…