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Cafe String

Hacía meses que había visto una cafetería algo extraña (para mis estándares mexicanos) en Södermalm, uno camina por Nytorgsgatan y ve como si estuvieran en vitrina, junto con una motocicleta antiquísima, los que ahí se reúnen o van a escribir.

Nunca quise entrar, no sé por qué. Una journalist (me gusta más esta palabra que la de periodista) me lo recomendó cuando se enteró que estoy escribiendo dos libros. Me dijo que era el lugar perfecto para pasar horas escribiendo. Tenía razón.

Hoy fui al Cafe String, donde probé el mejor chai latte de mi vida. El lugar es bastante concurrido por amantes de la lectura, la fotografía y la escritura (hasta donde pude ver), el ambiente es bohemio y uno se siente inmediatamente cómodo rodeado de sillas, sillones y mesas de todo tipo.

Tan pronto me adueñé de una mesa con vela me puse a leer un pendientito que traía: Italo Calvino. Ahora entiendo por que es tan citado (el hombre debió haber expirado literatura por todos los poros de su piel), sólo he avanzado unas cincuenta páginas de su recopilación de ensayos publicados bajo el título "Punto y aparte" y ya he anotado varios fragmentos en mi cuaderno para estudiarlos después. Sus ensayos no son algo que se lee y ya, dan para muchas disertaciones, quién no puede caer seducido ante palabras sobre la literatura de Tolstói, Heminway, Joyce, Balzac, Conrad, sólo por mencionar algunos.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

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Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

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