Ir al contenido principal

Se avecina el Otoño

Hoy me encontraba en Södermalm, donde la calle de Götgatan siempre está dispuesta para un breve paseo de vidrieras que bien se me antojaba después de haber almorzado un smörgås de chèvre acompañado de un espresso Frappino.

Había pasado ya algunas horas en el pequeño centro comercial Skrapan , de modo que no me percaté del cambio del clima hasta que puse un pie en la calle y sentí que el frío me erizaba la piel de los brazos. Di vuelta a la izquierda rumbo al norte ya con las manos al fondo de los bolsillos de mi pantalón y los brazos apretados a mi torso; me apetecía ir a hacer "levantamiento de inventario" a la tienda de ropa Gudrun Sjödén de diseño sueco. 

De ninguna manera me imaginé que alguna vez pudiera quedarme pasmada de sólo ver como la ropa de temporada anuncia el fin del verano (¡qué corto me ha parecido!). 

En la segunda impresión,  la tienda me parecía que tenía un aire familiar; caminé un poco más hacia el fondo donde me encontré con unas muñequitas de trapo que parecidas a  las que elaboran las indígenas en México. ¡Ah! ahora me doy cuenta de qué es lo que percibo familiar; la ropa tiene un aire indígena: los colores cálidos, los patrones, las combinaciones en contraste. 

En la revista de la tienda veo que la diseñadora se ha inspirado en Guatemala y su propuesta es vestir a las holmienses del calor centroamericano, imitando los colores que tendrán las hojas de los árboles que aún se encuentran verdes. 

Dando un toque adicional al ambiente, como música de fondo se ha elegido un son. La tienda vende bien. No dudo mucho en hacerme de tres prendas que me parece podré combinar con facilidad.

Con mi bolsa de tela conteniendo las tres prendas, otro detalle de la tienda, vuelvo de nuevo a la calle rumbo a Slussen. Esquivando a los ciclistas citadinos, vuelve a mí la imagen de los primeros días de calor: había gente que se resistía a dejar los gorros y las bufandas mientras que otros más aventurados salían en sandalias. Ahora yo soy de los que se rehusan a dejar el verano y salen de playera en busca del sol; pero ya se filtran entre los paseantes quienes llevan pashminas o chaquetas porque creen que ya no saldrá el sol.


Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…