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La moda Flans no ha muerto

En la lista de las cincuenta señales de que ya has estado en Suecia por mucho tiempo dice la número veintiuno "Your old habit of being fashionably late is no longer acceptable. You are always on time."

Así que amantes de la moda Flans, Estocolmo es su ciudad. Las chicas siguen usando mallones y camisetas largas, las tiendas venden ropa de algodón de ese que se estira y con el que se confeccionan pantalones, camisolas, faldas y accesorios. Casi me nace la necesidad de ir a comprar mis mallones que aquí los hay de todos colores y texturas, son un must en el vestuario de pequeñitas y jóvenes, las más grandecitas los usan con faldas ligeras de modo que están listas para tiempos de sol y tiempos de viento. Qué talla sean no importa, todas se animan.

Ni qué hablar de los tenis de piso ligeritos de tela blanca, aquí les dan un uso singular y no los sueltan ni aunque tengan hoyos en los talones. Se me ocurre que una día de estos, cuando esté el sol, me voy a sentar por Götgatan donde desfilan los más jóvenes y al ritmo de "Las mil y una noches" me deleitaré reviviendo los ochentas.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…