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La moda Flans no ha muerto

En la lista de las cincuenta señales de que ya has estado en Suecia por mucho tiempo dice la número veintiuno "Your old habit of being fashionably late is no longer acceptable. You are always on time."

Así que amantes de la moda Flans, Estocolmo es su ciudad. Las chicas siguen usando mallones y camisetas largas, las tiendas venden ropa de algodón de ese que se estira y con el que se confeccionan pantalones, camisolas, faldas y accesorios. Casi me nace la necesidad de ir a comprar mis mallones que aquí los hay de todos colores y texturas, son un must en el vestuario de pequeñitas y jóvenes, las más grandecitas los usan con faldas ligeras de modo que están listas para tiempos de sol y tiempos de viento. Qué talla sean no importa, todas se animan.

Ni qué hablar de los tenis de piso ligeritos de tela blanca, aquí les dan un uso singular y no los sueltan ni aunque tengan hoyos en los talones. Se me ocurre que una día de estos, cuando esté el sol, me voy a sentar por Götgatan donde desfilan los más jóvenes y al ritmo de "Las mil y una noches" me deleitaré reviviendo los ochentas.

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Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

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No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
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