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Mostrando entradas de junio, 2008

Hoy llueve

Ayer venía comentando justo, "Si el día de mañana me favorece, voy a salir a apuntarle a sol con mi ombligo". Y con esa idea cerré los ojos, esperando que el mañana fuera benévolo y me diera un momento de respiro.

Pero desperté con un cielo nublado sobre mis hombros que ensombrecía mi hogar. Para medio día un aguacero torrencial me retaba a seguir mi plan. "Tal vez no sea hoy", le dije al cielo, "vendrá un mañana que me dé esa oportunidad, no renunciaré tan fácil".

Entonces el cielo se abrió y rayos de sol cruzaron por mi balcón. Sé que el día se burla de mí, que en cuanto vuelva a sentir el deseo de salir, el cielo se cubrirá de nubes para enfriar mi corazón otra vez.

Que alguien calle al chamaco

Los niños de ahora tienen muchas más oportunidades de expresarse que los niños de mi tiempo. Aún ahora me auto-reprimo (no vaya a ser que le resulte desagradable a alguien), estoy tan bien amaestrada que hasta evito cantar en la soledad. Me explico.

Voy en un avión Estocolmo-Londres. Ingleses y suecos llenan el avión en su mayoría. Enfrente mío, en dos filas continuas va una familia de habla inglesa. Los nenes brincan en los asientos, uno tira su juguete hacia mi fila, otro el jugo en la mesa de su mamá. Todo tolerable hasta que deciden que ya no se “hallan” y lanzan alaridos de protesta.

Si a la edad de dos años se me hubiera ocurrido estallar en llanto por que me sentía incómoda de alguna manera, mis padres hubieran terminado mi vocalización mostrándome lo mala que estaba siendo, terminando así con la incomodidad que les pudiera generar a ellos o a los que estuvieran alrededor. Pero los chamacos en cuestión llevan media hora desahogándose (en relevos) y diría que hasta regodeándose en…

Sigo cayendo

Empecé este blog hablando sobre mis preparativos para lanzarme al abismo. Bueno, voy en plena caída con el miedo de encontrar el fondo y romperme en mil pedazos. ¿Hay otra alternativa a caer? Si, aprender a volar.

Extiendo los brazos, estoy desesperada aleteando. No sé cómo volar.

Desde el centro del sol

Llegué desde el viernes pasado, ha sido mucho trabajo físico (sacar de cajas, meter en cajas y volver a sacar de cajas). Desde entonces en cierta posición se me duerme la espalda pero en general me siento bien, no se alarme nadie.

Aquí no hay gaviotas como en Södermalm (aunque creo que en una de las visitas si las vi), en su lugar hay unas aves con cuerpo de cuervo y plumaje azul, negro y blanco; también hay palomas y lo más tierno de todo: hay conejos.

Aquí un conejo puede salir a tomar el sol sin mayor preocupación, no hay quien lo correteé o trate de inmiscuirse en su vida. Así que el conejo simplemente se limita a ser.

El sol no se ha dado mucho, ha hecho viento, días frescos y hasta ha caído granizo después del cual se asoma un cielo azul cargado de nubes blancas como algodones. Esto me recuerda al septiembre de mi infancia cuando veía el cielo desde el departamento de mis abuelitos.

Tener bebés está de moda

Los suecos no tendrán que preocuparse por decremento de población en los próximos años pues sus habitantes se han dado a la tarea de generar bebés.

Los bebés suecos si que traen una torta bajo el brazo. En adición a la educación gratuita los nenes reciben una mesada del gran padrino gobierno, de modo que podrán estar seguros de tener para sus chuchulucos mientras cursan la educación elemental.

Pero más allá de que el proyecto bebé sea económicamente viable, se cuenta con un paquete de beneficios que ni soñando tendría una mamá promedio en México (ojo, escribí promedio y aquí sólo entran mamás de clase media para abajo).

Es posible que con toda la calma del mundo la mamá pueda subirse a un transporte público carriola-todo-terreno en mano, ocupar una sección especial para estacionar el susodicho vehículo y no recibir jamás una queja pero si ayuda de todos los demás. Si la mamá trabaja (aquí es casi seguro que así sea) gozará de tiempo suficiente para pasear a su bebito en compañía de s…

Un rinconcito de arena

A ver. Estocolmo tiene el sol, el mar, las chicas en bikini pero como que al cuadro le faltan las palmeras y la arena.
Bueno, pues el asuntó lo solucionó rápidamente este restaurante tailandés localizado en N. Hammarbyhamen, al incorporarle al muelle una sección para sentirse en la playa. La idea fue muy bien recibida por los lugareños que se caracterizan por su alto aprecio al sol y su calor.

Aún cuando la vista que tienen los comensales no es la ideal (ven hacia un edificio) de ninguna manera aminora el ambiente aún ya entrada la noche. La foto muestra al lugar con un sol delicioso a las 20:30 aproximadamente.

¡Polen!

¡Qué bonito!

Ahora me deleito con el polen que va cayendo suave y sutilmente, como en mi sueño de chiquita cuando yo iba cayendo desde el quinto piso del edificio donde vivía.

El paso de corredores, paseantes y ciclistas lo va haciendo a un lado y de lejos se me figura nieve. Desde luego deben saber que nieve sólo la he visto una vez y que la primera vez pensé que estaban echando bolitas de unicel desde el techo de la casa donde estaba hospedada.

Puras figuraciones. El ver algo por primera vez te invita a explicarlo con los recuerdos de experiencias pasadas si le quieres dar un toque adicional a los puros hechos.

Terminaron la escuela

Estaba yo en el lugar de siempre (la cocina-comedor-estudio) cuando unos gritos y música a todo volumen me despegaron de la silla y a Mac del tapete para que saliéramos al balcón a ver de qué se trataba.

Pues eran unos acarreados (ja, ja), al menos eso me pareció a primera vista pues venían en un camión de redilas, luego supuse que eran marineros pues todos traían un corrito blanco (esta idea la descarte inmediatamente pues no checaban los gritos de euforia de mujeres con la idea de marineros. Lo que si no supe cómo interpretar eran las ramas de árboles, todas ellas desmayadas por el calor y la falta de agua, que venían adornando el camión (no se me ocurrió pensar que venían muy contentos de ir a sembrar árboles porque no creo que les falten por estos rumbos).

Me quedé con las ganas de fotografiar el camión en cuestión, o al menos eso pensé porque a los pocos minutos volvió a escucharse el barullo. Ahora sí preparé la cámara de mi celular (que es mi herramienta de trabajo para este a…

Globos en el cielo

Eran las ocho de la noche cuando los vi como dibujados en el cielo, me dejaron maravillada del espectáculo que me entregaban, primero se asomó uno y a los tres pasos más empecé a descubrir uno y otro más. Me que de parada contentísima y asombrada como quien piensa que está viendo un ovni y me apené un tanto al ver que a nadie más le parecía importar.

Apenas a esta hora se podía sentir un frescor que me alentara al ejercicio, mis pies hinchados del calor y casados de andar me pedían ya no salir de casa. Por fortuna mi cabeza requería despejarse de las horas continuas que se dedicó a recibir sueco. Ya no podía pensar ni sentía ánimos de leer. Como quiera que sea el aire fresco también refresca el interior.

Quello chi mangi quello que tu sei

Venía yo corriendo en falda y con mi Meg por Katarina Bangata después de una espléndida comida-cena en un cálido restaurante de nombre Sallys en Gamla Stan donde al calor de los 28 grados centígrados nos refinamos una pizza (cada quien) acompañada de un pinot noir embotellado en Italia.

Para ambientar tan agradable comida, nos recibió un italiano ávido de contar en italiano-español alguna que otra cosa y ya para el postre se incrementaba la experiencia con melodías de Umberto Tozzi. Diez y seis años después de haber tomado clases de italiano, es en Estocolmo donde por primera vez, desde la distancia, levantaba mi brazo y pronunciaba el arrivederla que tan atorado ya traía y que se rehusó a salir por las calles de Roma.

Pero regreso a Katarina Bangata, donde mis oídos detuvieron la carrera y voltearon mi cara hacia dos hombres que ciertamente hablaban de comida. Estaba ya sintonizada en italiano, imposible no escucharlo desde lo lejos. Pues sí, coincido con ellos, tú eres lo que comes…

Sigo siendo la misma

No importa en dónde esté, si en el mercado de La Merced, en la alfombra roja de Cannes o corriendo por Djurgården, sigo siendo la misma.

Por un momento llegué a pensar que no estaba disfrutando lo que tenía pues no me sentía de alguna manera en especial (o sea que no me sentía ni más ni menos importante o especial). Un lugar no hace a la persona, es precisamente lo opuesto.

Estoy corriendo y me asaltan preguntas, una tras otra mientras el sol tuesta mi piel: ¿quién soy?, ¿cuántas ideas incorrectas tengo sobre mí, simplemente porque se las creí a alguien?, ¿estoy más cierta de cómo reaccionaría otro de cómo reaccionaría yo misma?

Estoy cansada y el recuerdo del una voz animando a los italianos en el maratón de Estocolmo parecía animarme a mí ahora, "Forza Italia".

Siguen apareciendo los mismos símbolos y aún no concluyo cuál es la historia detrás de ellos. A veces a través de ellos me siento en el camino correcto, otras me hablan de mí pero de una parte que aún no termino de…