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Mostrando entradas de mayo, 2008

Mi primer clase de sueco

Hoy tomé mi primer clase de sueco. Con dos clases perdidas inicié mi curso de sueco (svenska) pensando (más bien deseando) que no irían tan avanzados. Quizá, me decía, empezaron presentándose y luego otra clase de ¨Hola, yo me llamo", pero desafortunadamente para mi, descubrí que ya habían acabado un capítulo del libro y por como vi la clase de hoy, es un capítulo por semana y son frases completas con pronunciación a velocidad estratosferérica para mis oídos poco educados y ni se diga para mi lengua que ni en español se acelera.

Es algo penoso aceptar (quien me conozca sabrá la causa) que llegué con la ilusión de encontrarme con algún latino, un brasileño esperaba o un chileno. ¡Buaaa! en un nutrido grupo me encontré con una australiana, una estadounidense, tres tailandeses, una islandesa, una japonesa, un sudafricano y dos alemanes. Por cierto, que para continuar con el tema de la gente "fría" debo decir que uno de los alemanes resultó ser el más "cálido" de…

¿Gente fría?

De camino a Suecia recibí varios consejos de mexicanos bien intencionados que buscaban darme tips para mi nueva vida. "Vas a un congelador" y "La gente es fría" figuraron entre las frases más destacadas.

Gente fría, dicen. Lo extraño es que estando acá he hablado con más gente en la calle de lo que alguna vez pudiera haber logrado en el México que tan "cálido" dicen que es. He encontrado un factor diferenciador entre los de allá y los de acá: miedo.

En México se vive con miedo. Si alguien te saluda en la calle lo ves raro o piensas que se equivocó o dependiendo su apariencia decides si poner distancia de por medio o simplemente regresar un cuasi saludo. Ahora, de lo que he vivido en Suecia es que la gente te habla directo y si tiene algo que comentar lo hace y ya, no se busca más.

Días atrás estaba en una cena donde en una mesa convivían tres suecos, dos españoles, un inglés y dos mexicanos. En la plática amena el más ocurrente fue uno de los suecos y si bie…

Vineyard in Provence

Pues ni modo de estar acá ni no probar de qué se trata esto de los vinos de Provence. Así que me hice a la tarea de encontrar una cata de vinos de la región, fui afortunada y logré un wine tasting para mi solita en una cava con condiciones de humedad y temperatura naturales en pleno centro de la vieja Niza.

Probé 3 vinos (blanco, rosado y tinto) y me instalé en una medio plática inglés-francés-español que dio para comprender que la mayor producción en Provence es de vinos rosados, mismos que deben tomarse jóvenes (máximo dos años) pues de los contrario pierden sus capacidades aromáticas. El blanco no me encantó pero el tinto me dejó sorprendida por su color, acidez y astringencia (que raro suena la palabra...). Lo mejor fue mi reconciliación con el rosado dulce al paladar.
Y pues que me lanzo con la pregunta del vino y la música. En resumen esto de música especial para beber no es algo del conocimiento general, lo que sí llegan a hacer algunos productores es ponerle música clásica a …

Desde la terraza de mi hotel en Niza

Comencé la semana recibiendo un poco de calor de las cercanías con el Mediterráneo. Me supuse que una copa de vino tinto en la terraza era lo que mejor aplicaba en mi intento por acercarme en alma a las gaviotas que aparecieron para recordarme que he decidido aprender a volar.

Si hay algo que siempre ha marcado mi camino en este tiempo que voy contando desde 1970, es esta ave maravillosa de blanco inalcanzable y espíritu francamente solitario aún dentro del grupo que decide contemplar el atardecer con el pico apuntando al horizonte hacia un mar que cada vez más luce infinito.
Así que tomé la copa, ajuste el sillón y brindé por mi destino incierto. Besé el cristal, respiré el aroma de la flor de naranjo, extendí los brazos y recordé que merezco estar aquí.
El vino va fluyendo en mi torrente sanguíneo y no busca más que la reconciliación conmigo misma. El velero al fondo destapa el recuerdo de una pintura en París cuyo significado entiendo hasta ahora.
Busco más señales en mi memoria p…

La música y el vino

No había tenido el momento adecuado para leer el artículo de la BBC que me recomendaron. Está interesante aunque tan corto que decidí escribir al respecto como un medio para alargarlo. No que vaya a escribir yo alguna otra investigación al respecto, simplemente meras ideas al aire.

Hace tiempo había leído que uno de los sentidos sobre el que menos control teníamos ya que estaba conectado directamente con el cerebelo era el del olfato. ¿Pero a alguien se le había ocurrido qué tanto poder ejercen los sonidos en nuestras reacciones y más puntualmente el poder de la música en nuestras decisiones?

Me quedaba muy claro que hay música que me calma, otra que me emociona o me inspira, también tengo música para leer, para hacer labores físicas, para correr, etc. ¿pero para tomar vino?

Según el artículo la gente compra más vinos franceses si escucha un acordeón. Será que te sientes en ambiente y si relacionas Francia con acordeón pues ya está. Pero supongamos que nunca se ha estado en Francia …

Este clima tan voluble

Estoy muy sentida. El clima de Estocolmo está jugando con mis sentimientos, en verdad ya no sé que esperar de él. No nos estamos entendiendo.

Estaba yo ya muy instalada en el calor, viendo que la ropa en mi closet ya no servía más para andar a gusto. Estaba presta a comprar un vestido y la necesidad de unas gafas oscuras volvía a mí. Necesitaré bronceador, me dije.

Guardé todas las cobijas pues era insostenible dormir así. ¡Pero qué cosaaaa! Si según había leído la temperatura máxima eran unos 20 grados celsius. De verdad que se sentían como 30.

Luego parece que el calor fue requerido en otro lugar y sin más, tomó sus chivas y se marchó. Ahora se sentían 10 grados con un viento tan grosero que se le congelaba a uno todito. Bueno, pensé, quizá con tanto viento mañana vuelva el calor. Nop. Recibimos al día siguiente con 5 grados pero el viento nos hizo el favor de ser más sutil. Hoy eran las 12:00 y el termómetro se negaba a marcar más allá de los 6 grados.

Aquí ni el viento ni la lluv…

Metro/Subway/Tube/Tunnelbana

Después de una fin de semana extremadamente soleado (tan soleado que era obligado el outfit "adiós pudor") se dejó caer el lunes con todo el peso del frío y así le siguieron martes y miércoles. Este último se lució con lluvia pero nos ahorró el viento calador que se inmiscuye sin censura por entre los tejidos de tu suéter.

Tan pronto como publiqué mi comentario sobre las pocas demostraciones afectuosas entre las parejas, ante mis ojos desfilaron varias haciendo gala de caricias indiscretas para informarme que una mirada no basta para emitir un juicio. ¿Cuántas hacen falta? no lo sé.

Así que hoy, con todo y la lluvia me lancé a la calle con paraguas y sin libro. ¡No puede ser! me dije ya muy andado el camino. No libro, no iPod ¿qué puedo hacer? Bueno pues escuchar las estaciones imaginando a mi abuelito diciéndolas y yo memorizándolas como cuando de chiquita me sacaba a pasear y tomábamos la línea de Taxqueña al Toreo (no era Tasqueña a Cuatro Caminos, que conste). Me daba r…

Södermalm

Vivo en Södermalm, abajo de Gamla Stan. Aunque la isla es pequeña (tan pequeña como la puede considerar un mexicano) hay paisajes de todo tipo: calles transitadas, calles solitarias, parques tranquilos o bien atestados de adultos jóvenes tomando el sol, escaleras solas o repletas de jóvenes tomando la comida de medio día, construcciones modernas y también empedrados que concentran barrios antiguos.

Parece que aquí nadie se detiene a vestirse como mejor le parece, es como si el miedo al ridículo no existiera (claro está que la fisonomía de la mayoría da para ponerse lo que sea). No importa que los pantalones desaparezcan los traseros de los chavos ni que parezca inevitable traer medias o mallones negros. Aquí se luce de todo sin estar proclamando que se es de una tribu o de otra como tanto cantan en el Distrito Federal.

Los automovilistas y ciclistas respetan el semáforo, los peatones no tanto. No se toca el claxon porque se tenga prisa ni se busca ganarle a peatón que aún no llega a …

Shit Happens

"Shit happens", dijo en tono conciliador la enfermera de una clínica veterinaria en Södermalm. La frase llegó a tiempo, mi boca ya estaba más que seca y los hombros me empezaban a doler.

Todo iba bien, habíamos pasado ya una hora caminando por un parque encantador bajo el cielo azul. Quise más. Uno debe siempre saber cuando ya es suficiente, cuando buscar más puede dar al traste con lo logrado. Debí haber dicho "I'm done" como George en la serie Seinfeld, dar la vuelta en la esquina y regresar al departamento a dejar a Mac y Meg para luego salir yo.

Tomé el mapa y vi hacia dónde se encontraba el siguiente punto de interés. Enfrente una carriola se acercaba con un pequeño terrier asomándose inseguro. El terrier volteó a ver a la conductora de la carriola pero esta no le hizo caso y ante esto continuó animado. Le dí la vuelta para esquivarla pero se detuvo para preguntarme si se podían oler (los perros). "I'm not sure" estaba saliendo de mi boca cuand…