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Monólogo en la madrugada

Me despierto por un momento. Un pensamiento se cuela en ese instante en el que mi consiente se hace presente, luego otro pensamiento convierte el instante en un momento y ya no puedo volver al descanso.

Recostada debajo de las cobijas el calor se hace presente y empiezo por sacar un pie. Luego de luchar otro rato por conciliar el sueño ya tengo todo el cuerpo descubierto y mis ojos ya se han aclarado. Mis ojos... un momento, les voy a cubrir con los lentes. Ya está.

Me atiborro de anhelos y deseos de ser, como cuando uno es niño y piensa en todo lo que puede llegar a ser de grande. Hago una pausa ante el supuesto de que todo sea un imposible (esto ya muy típico de quien ha aceptado creer que los sueños sólo sueños son) y vuelvo a la carga rescatando a mi niña soñadora con una lista de lo que hasta ahora he logrado.

Al parecer había olvidado mi capacidad (que curioso que tenga más presente mis inseguridades infundadas que mis logros reales). Porque aunque puedan presentarse varias cosas en el futuro, generalmente escojo escenarios caóticos y finales dramáticos.

Así que, dados los hechos, lo que me parece imposible es más probable que se haga realidad (o sea que logre lo que más deseo). Pues si no he hecho más que prepararme, así que estoy más que lista para lo que viene.

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